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GPS ofrece una guía sentimental para mitómanos, cinéfilos y cazadores de autógrafos en vísperas del Zinemaldia
18.09.08 -

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Festival Internacional de Cine (San Sebastián).
Cincuenta y seis años cumple el Festival Internacional de Cine de Donostia San Sebastián, conocido también como el festi, o el zinemaldi. 56. Algunos menos que Cannes, Venecia o Berlín. En cuestión de orígenes también somos algo diferentes. La Mostra fue un sueño fantasioso de Mussolini. Cannes nació para demostrar que los vencedores de la II Guerra Mundial también amaban el cine. Berlín tuvo una razón de ser más democrática: fue creado como puente de celuloide entre los países del Este y del Oeste.
La cuna de Donostia es más humilde. Don Pío Baroja decía, amargado, sarcástico, que San Sebastián era ciudad de tenderos. Pero ¡qué tenderos! Un grupo de excelsos comerciantes donostiarras decidió atraer a las estrellas de medio mundo a esta ciudad como atracción del veraneo para complacer a los huéspedes de Donostia. Durante algunos lejanos años, el festival se celebraba en julio, lo que propiciaba que el Hollywood que había descubierto España como buena tierra de rodaje usase San Sebastián como lanzadera para ir a los sanfermines. Ahora, el Zinemaldia usa, con toda reverencia, la proximidad del Guggenheim para organizar a sus invitados viajes relámpagos al dragón de titanio.
Pero eso es historia. Vieja historia. La realidad, la crujiente realidad, es que el jueves 18 de septiembre comienza la edición 56 del Zinemaldia, antesala para algunos de la cita de cine más abracadante y macarrosa que se pueda ver jamás de los jamases: la Semana de Cine Fantástico y de Terror a perpetrarse, cuando el fin de octubre coincida con el principio de noviembre. El futuro inmediato es el de este jueves. Cinéfilos, mitómanos, cazadores de autógrafos, de sonrisas, de canapés, de invitaciones para fiestas, empiezan su peregrinaje a San Sebastián 56.
Las estrellas pasean
Los donostiarras más viejos sonreímos entre nostálgicos e ilusionados. ¡Hemos vivido tantas cosas a la sombra de los grandes focos! Sabemos de Hitchcock cruzándose con una monja en el atrio de la Basílica de Santa María. De Nicholas Ray (¿recuerdan Johnny Guitar?) sentado, moribundo ya, en el bar de la Unión Artesana. Hemos visto a Angélica Huston (realeza de Hollywood e Irlanda en sus venas) entrando en una marroquinería exquisita de la calle San Martín para comprar abanicos para sus amigos de New York.… Nos hemos pegado en el hoy desaparecido cine Astoria por conseguir una entrada para la gravemente peligrosa ‘Portero de noche’. Y hemos paralizado el Zinemaldia, como pararon Cannes en mayo del 68. Nos plantamos porque alguien en el Pardo había firmado cinco sentencias de muerte. Fue al alba.
Pero eso sigue siendo historia. El jueves 18 será el presente. No hay sitio en los hoteles. Ni en las pensiones. Es la ciudad entera la que se vuelca y se prestan camas y se habilitan cuartos para los amigos que llegan de fuera. Se queja una estrellita porque la han alojado en una de las colinas de Donostia y, sin embargo, ese chaval mochilero se coge el último autobús verde para regresar cada noche a Lasarte, municipio cercano… si no hay que estar en el cine a las 9 de la mañana.
El cazador de autógrafos se ha comprado su mejor cuaderno para apostarse en las escalinatas del Hotel María Cristina durante horas y horas. El mitómano, en cambio, sabe que lo mejor es pasear. Porque las estrellas en San Sebastián pasean, aunque parezca mentira. La Deneuve por lo Viejo no es novedad. Robert De Niro comprando ropa de bebé en la avenida de la Libertad, tampoco.
¿Y el cazador de canapés? Lo tiene difícil. En los hoteles hay guardianes y en las fiestas, cancerberos. Pero quien es un profesional del pintxo lo será hasta la muerte. Comienza el festival. Bienvenidos. Ongi etorri. Benvinguts. Welcome. Willkomen.
Las estrellas deberían ir...
Ganbara
Las luminarias cenan en Arzak y en el Akelarre de Subijana. Los directores, en Nicolasa, donde ejerce José Juan Castillo. Pero seguro que la Scarlett Johansson se moriría por las picardías gastronómicas del Ganbara (San Jerónimo), famoso en la galaxia por la excelencia de sus hongos, setas y demás frutos del bosque, por su capacidad para hacer malabares con las verduras y por muchas cosas más.
Aldanondo
A las estrellas les encanta el contacto con lo típico. Mugaritz es una orgía sideral pero, aparte de estar en un monte lejano resulta culinariamente estratosférico. Por eso enloquecen cuando entran en el muy clásico y soberano restaurante Aldanondo (Euskal Herria, 6) especializado en chuletas, pollo de caserío y alubias. Sin olvidar el pescado, claro.
Ondarra
Nos vamos a gastar el dinero en entradas (tranquilos, son baratas), así que iremos a sitios donde no se come del todo, pero se goza a tope, tope. El Ondarra (Zurriola 16), por ejemplo. El bocata de atún con mahonesa es brutal. Pero además, aquí se toman el vermú, las cañas y la copa. Abierto de sol a sol y hasta el amanecer. Mestizo a tope, en la planta baja hay DJs que pinchan música en la noche.

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