
Justo Rodríguez
Los Picaos
San Vicente de la Sonsierra (La Rioja)
Fecha: En Jueves Santo, en la procesión de la Santa Cena (alrededor de las 19.30 horas) y a las 23.00 horas. En Viernes Santo, tras la procesión del Vía Crucis (alrededor de las 11.30 horas) y en la procesión del Santo Entierro (alrededor de las 20.30 horas).
Cómo llegar: Desde la AP-68, salida de Haro. Después, N-232 hasta Briones y LR-210 a San Vicente.
San Vicente de la Sonsierra reparte su tiempo entre el placer y la penitencia. Durante la mayor parte del año pesa más lo primero, ya que la localidad seduce al visitante con los vinos de la tierra, la suculenta sencillez de la gastronomía riojana, el aire limpio y los paisajes de ribera y montaña, en una gradación que empieza a orillas del Ebro y asciende por la Sierra de Cantabria. Pero, cuando llega Semana Santa, el nombre del pueblo se vuelve sinónimo de mortificación, de sangre vertida para purgar pecados, agradecer algún don o fortalecer la esperanza en el futuro. Es la tradición de Los Picaos, los disciplinantes de la Cofradía de la Santa Vera Cruz: para algunos, un resto aterrador de oscurantismo medieval; para sus protagonistas, un precioso legado y un conmovedor acto de fe.
Vestidos con una túnica blanca abierta por detrás y con el anonimato garantizado por una capucha, los disciplinantes se azotan la espalda con una madeja de algodón, marcando un ritmo inflexible que se prolonga unos veinte minutos: según las cuentas de la cofradía, entre ochocientos y mil golpes. En ese momento, les ‘pican’ la espalda tres veces con la ‘esponja’, una bola de cera con seis cristales incrustados, que hacen brotar la hemorragia para «evitar molestias posteriores». Ya con hilos de sangre corriendo por la espalda, aún se golpean quince o veinte veces más antes de ser lavados con agua de romero.
¿Qué lleva a los ‘picaos’ a castigar su cuerpo con tanta dureza? La propia cofradía explica que muchos cumplen una promesa –«bien para pedir algo, bien para dar gracias por algo»– y que a todos se les exige un certificado de «sentir cristiano» expedido por su párroco. Y, contra lo que se podría suponer, los hay que no tienen relación con el pueblo: son forasteros que acuden atraídos por esa cara rigurosa y ritual que estos días muestra San Vicente.
Para comer en San Vicente