
Justo Rodríguez
La Pasión de Cristo
Lagrán (Álava)
Acto: Ceremonia del Descendimiento.
Cuando: Viernes Santo, 21 de marzo de 2008 (18.00 horas).
Itinerario: Sale de la iglesia, recorre por las calles del pueblo y vuelve a su templo.
Si quiere vivir estos días una experiencia religiosa, que diría Enrique Iglesias, coja el coche en dirección contraria a todo el mundo y en lugar de conducir hacia la costa en busca del sol, adéntrese en las montañas y valles de Álava para descubrir una Semana Santa tan auténtica y ancestral que le pondrá la piel de gallina. Muchos pueblos alaveses mantienen la vieja costumbre de celebrar la Pasión de Cristo como si el tiempo no hubiese transcurrido desde entonces. Los vecinos arrastran pesadas cruces por calles empedradas, caminan de rodillas y se flagelan para revivir el dolor que padeció Jesús, bajan al Cristo de la cruz y le rinden homenaje en procesión, mientras rezan fervorosos y suplican que se produzca el milagro de la resurrección…
Una de las ceremonias con más solera y encanto tiene lugar en Lagrán, una pequeña localidad del sur de Álava de poco más de cien habitantes. Ni los más viejos del valle recuerdan cuándo comenzó esta tradición que ha pasado a través de los siglos de padres a hijos. El Viernes Santo, se reúne todo el pueblo en la iglesia para asistir al Descendimiento de un Cristo articulado del siglo XV clavado en una imponente cruz de roble macizo de tres metros. Dos penitentes ataviados con túnicas blancas suben por una escalera para bajar a Jesús.
El párroco marca el ritual. Primero, se quita la inscripción de INRI y la corona de espinas y se entrega a las ‘Marías’. A continuación, se sacan los clavos de las manos y se pliegan los brazos articulados para dejarlos pegados al cuerpo. Por último se quita el clavo de los pies y con sumo cuidado se baja la figura para ser depositada en un féretro de cristal. Antes de introducir el cuerpo, se muestra a la imagen de la Virgen Dolorosa allí presente.
Y aquí se produce una curiosa escena. «Hace unos años descubrimos que esta virgen tiene un mecanismo en la cabeza para moverla, así que cuando se le enseña el cadáver de su hijo, ella asiente en señal de reconocimiento», explican los vecinos. A partir de ahí comienza la procesión. El sepulcro es llevado por cuatro nazarenos con gruesas cadenas atadas a los pies, mientras todo el pueblo sigue con devoción y en silencio al Cristo por las calles de Lagrán.