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Vía Crucis (Balmaseda). Una larga noche
La Última Cena y la fiesta posterior en la calle son los secretos escondidos de la Pasión más espectacular
16.11.07 -

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Vía Crucis (Balmaseda). Una larga noche
Jesús rodeado de sus apóstoles, en uno de los ensayos de La Última Cena. / Fotos: Fernando Gómez
Hay chiquillos en Balmaseda que confían en que, algún día, alguien les pregunte si quieren hacer de niño ciego. Es un papel corto, dos palabras que garantizan uno de los momentos más emotivos de la representación. Suponen un segundo de gloria y, más importante aún, el cimiento en el que se sustenta una tradición sostenida a pulso por un pueblo.
–«Mamá, veo», debe de decir el aprendiz de actor.
Jesús, otro vecino, ha pasado a su lado y le ha dedicado una mirada tierna y el niño, obediente al milagro y al guión, recita el texto.
En Balmaseda son pocos los que, de una forma u otra, no tienen nada que ver con el Via Crucis, un acto que mezcla fe, tradición y gancho turístico para un municipio que durante décadas ha permanecido casi aislado por culpa de las pésimas comunicaciones. Alrededor de 500 personas (el censo supera por poco los 7.000 habitantes) participan como actores, servicio del orden o costureras en la iniciativa, que recoge el testigo de las penitencias practicadas allá por el siglo XVII para pedir al Cielo que les librara de plagas y pestes.
La Pasión Viviente se ha convertido, junto con el maravilloso puente gótico, en la enseña de la localidad, un espectáculo capaz de reunir a 50.000 personas en las calles y en los recintos al aire libre en los que se representa la obra. Como si de una puesta en escena profesional se tratara, asombra la estupenda ocupación de los espacios en el casco urbano, en el que los tres puntos centrales (plaza de San Severino, Campo de las Monjas y Campo del frontón) están enlazados por el episodio del Via Crucis.
«En Balmaseda nadie se afeita desde hace varios meses», bromea José Ángel Zarra, responsable del apartado artístico, durante uno de los últimos ensayos de la Última Cena. Esta escena, que como el prendimiento de Jesús tiene lugar en la noche del jueves, es mucho menos conocida que las que se representan a la mañana siguiente, cuando se celebra el Juicio de Pilatos, el Ahorcamiento de Judas y la Crucifixión. Es, además, uno de los momentos más singulares y de mayor recogimiento de la Pasión local.
Más íntimo... pero también el anticipo de una fiesta enorme por esas tres calles casi paralelas que conforman el casco antiguo: Correría, Pío Bermejillo y Martín Mendía. «Esa noche hay mucho lío», admite Álvaro Olazabal, a quien este año corresponde el papel de Judas, aunque rápidamente añade que los actores «son disciplinados» y se recogen pronto. «Es complicado hacer tu papel si has trasnochado, y más si tienes que hablar, pero son muchos los que hacen ‘gaupasa’ y te los encuentras a la mañana siguiente en la calle, cuando vas a la representación».
Difícilmente encontrarán por allí a David Acebes, un técnico planificador de 30 años y uno de experiencia en la Pasión: el año pasado fue San Andrés y este año hace de Jesucristo, con todo lo que ello conlleva. «Lo del jueves es lo peor, porque tienes mucho texto, sobre todo en la Oración del Huerto», explica. De todas formas, la tradición pesa tanto en Balmaseda, que muchos vecinos son capaces de recitar de memoria las últimas palabras de Cristo.
Un Jesús sorprendido

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