Para coger fuerzas
La cafetería del Ataria permite degustar una barra de pintxos fríos y calientes. La cafetería de la ciudad deportiva del Baskonia, sita a escasos metros, dispone de cartas de picoteo y ensaladas y menús (12 € de lunes a viernes; 15 € los fines de semana). 902 440 110.
Y mucho más...
Ataria acoge hasta el 30 de agosto una exposición con medio centenar de instantáneas que reflejan momentos de la vida salvaje. Si te apasionan las aves, puedes probar suerte en alguno de los dos observatorios, abiertos de 9.00 a 20.00 horas en verano. Pero esta comunión con el medio ambiente no acaba aquí, ya que para completar el plan sano y saludable, nada mejor que realizar alguno de los recorridos disponibles por el Anillo Verde que rodea la ciudad y que en total abarca 54 kilómetros de un paseo compuesto por los parques de Alegría, Salburua, Errekaleor, Olárizu, Armentia, Zabalgana y Zadorra. Por ello, lo más recomendable es hacerse con una bicicleta en alguno de los puntos de préstamo, como los centros cívicos (de 10.00 a 21.00 horas) o la Oficina de Turismo (de 10.00 a 18.30 horas). Más información: www.vitoria-gasteiz.org/anilloWeb, en el CEA (945 162 696) y en la Oficina de Información y Turismo (945 161 598).
Centro de Interpretación de Salburua Vitoria
Dónde: A cinco minutos del pabellón Buesa Arena.
Horario de verano: Entrada libre de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00 horas. En invierno, por las tardes, cierra una hora antes.
Visitas guiadas: De lunes a viernes, a las 11.00 y a las 17.00 horas.
Reservas: 945 162 696.
Migrar hasta Tombuctú con la garza imperial, chapotear junto a peces, anfibios y reptiles, respirar la paz de un entorno privilegiado desde su atalaya o expiar a una gaceta común mientras se acicala. Ahora no hay excusa para no conocer más en detalle la flora y la fauna de los humedales de Salburua, que lucen su recién estrenado centro de interpretación de la naturaleza, Ataria. Todo un icono de la arquitectura paisajística y un laboratorio para descubrir la riqueza vegetal y animal que habita a sólo un paso del centro neurálgico de Vitoria. Como su propio nombre indica, Ataria pretende convertirse en el portal de acceso al humedal.
Así, comenzamos este viaje por la naturaleza. Nada más entrar, una bandada de gansos en pleno vuelo nos da la bienvenida. Nos dirigimos a uno de los principales atractivos del recinto, un mirador de 36 metros que permite apreciar el esplendor y la calma de la postal que es Salburua. El corredor, suspendido en el aire sobre una laguna artificial, nos sitúa sobre un espacio protegido, hábitat de docenas de especies de insectos, aves, anfibios y mamíferos. Todo un ecosistema en cuyo interior descansan secretos y curiosidades que se desvelan en el recorrido interactivo que ofrece Ataria a través de instalaciones visuales, táctiles, auditivas y hasta olfativas esparcidas a lo largo y ancho de su primera planta.
Podrás aprender que un silbido muy característico identifica al sapo partero y que el veneno que segrega por la piel para repeler a sus enemigos huele a ajo. También descubrirás que la cola de caballo, planta abundante en la zona, tiene propiedades diuréticas, fortalece las uñas y es un remedio inmejorable contra la calvicie y la caspa. Averiguarás, entre otras muchas cosas, que las algas unicelulares que pueblan las balsas, las diatomeas, poseen una cubierta dura de sílice y que el polvo que se extrae al machacarlas es el que emplean los detectives para conseguir las huellas digitales.
«Se trata de despertar el gusanillo por el valor patrimonial del humedal, no tenemos voluntad de dar un montón de información o formación», reconoce Roberto González, técnico del Centro de Estudios Ambientales (CEA), antes de llamar la atención sobre una pantalla que, gracias a una cámara ubicada dentro de la balsa, permite observar por control remoto la vida en directo de las especies.
Pero hay más. Una entretenida instalación te muestra, en escasos minutos y con gran realismo, la evolución que cada año experimenta el parque durante las cuatro estaciones. Otros paneles abordan la historia del humedal antes y después de 1998, año clave, cuando el CEA inició el arduo camino para su recuperación. Y los visitantes más pequeños se muestran fascinados por la recreación a gran escala de los seres que viven aquí.