
El director, en 2 de mayo, con el cartel de 'Querelle', de Fassbinder./ Fotos: I. Pérez y B. Agudo
Sus recomendaciones
Bares y discotecas
Conjunto Vacío (Muelle de la Merced) vibra a ritmo de música house y electrónica. Para sofisticados, Le Club (Muelle de Marzana) ofrece la atmósfera ideal, mientras que Enigma (Luis Iruarrizaga, 7) alborota con música de Bisbal o pachanga en estado puro. Y el surtido de bares tampoco se queda corto: el Nervión (La Naja, 7) tiene fama por sus pintxos, Bizitza (Torre, 1) es un histórico y el Séptimo Cielo (Pelota, 4), un buen sitio a primera hora de la noche. Las chicas suelen ir a Sildabia (Lamana, 1) y los jóvenes a El Balcón de la Lola (Bailén, 8) o el Convento (Esperanza, 14); los ‘osos’ prefieren Santu Bear (Dos de Mayo, 8; en la foto).
Restaurantes
En Ágape (Hernani, 13, T944160506; en la foto), el trato al cliente es un arte. Normal que la comida, además de exquisita, sepa aún mejor. Lo mismo se puede decir de La Merced (Ribera, T944150267), donde las hamburguesas y los platos combinados cunden que da gusto.
Librerías
Anti Liburudenda (Dos de Mayo, 2; en la foto) es un pozo sin fondo. Hay libros y revistas sobre fotografía, arquitectura, cine, cómic... Todo ello con un marchamo de calidad. Y, cómo no, también está Safo de Lesbos (Torre, 7), que hace honor a su nombre pero sin excluir las publicaciones para chicos.
Tiendas
Gara Bat (Dos de Mayo, 19) apuesta por la ilustración en todas sus variantes (camisetas, libros, revistas, cómic...) y ofrece una variedad de muñecos que causa furor. Entre ellos, uno de la serie de Boris Hoppek (el diseñador de los monigotes que aparecen en el anuncio televisivo del Opel Corsa).
Zinegoak (Bilbao)
Fecha y lugar: Del 21 al 27 de enero en el Arriaga, los Capitol, Bilborock y el auditorio de la Fnac. Del 29 de enero al 10 de febrero, ‘extensión’ a otras localidades.
Precios: 6 € la gala inaugural y 4,5 € las sesiones en Bilborock y los Capitol.
Todavía no hay pollerías exclusivas para homosexuales como en el barrio madrileño de Chueca, pero ‘el ambiente’ en Bilbao se presenta «bastante variado», recalca Roberto Castón (La Coruña, 1973), director de Zinegoak, el festival de cine gay-lesbo-trans. La comunidad del arco iris se concentra a ambos lados de la ría, en el Casco Viejo y La Merced, y no deja de crecer. Tienen de todo: desde bares hasta discotecas, pasando por librerías, restaurantes o tiendas de artes gráficas, diseño y muñecos como los que salen en el anuncio televisivo del Opel Corsa, ya saben, esos monstruitos que persiguen por la carretera a una chica que huye con el coche. Y, atención, puestos a quemar kilómetros, no falta una agencia como Viajes Halcón, en la plaza Zabalburu, con una sección especial para gays y lesbianas.
No hay fronteras... Ni barreras en los locales de ambiente. «Salvo poquísimas excepciones, son ‘mixtos’, allí entra gente de toda condición». Igual que el propio certamen Zinegoak, creado hace cinco años «con la intención de atraer a cualquier cinéfilo, nosotros nunca hemos sido excluyentes». Algo, piensa, muy de agradecer, porque «la calidad no tiene sexo».
Así se explica que restaurantes como À Table (Dos de Mayo, 18, T944154766) acojan una clientela variopinta con ganas de probar delicias vasco-francesas o una cecina de León de quitar el hipo. O que Innova (Dos de Mayo, 1, T944793241) no sólo atraiga a los amantes del diseño embobados con sus pantallas de vídeo, sino a comensales dispuestos a hincar el diente «a una ‘nouvelle cuisine’ que no deja con hambre...», apunta Aitor Urresti, ingeniero industrial, profesor de la UPV y asiduo de Zinegoak. Aitor vive en la zona de Bilbao la Vieja, igual que Roberto Castón. «Aquí solemos residir la mayoría, yo me alojo muy cerca de la sede de la asociación Hegoak, que se encarga de organizar el festival», explica el director de Zinegoak.
‘Osos’ y una gata
Roberto recala en la capital vizcaína cuatro meses al año, el resto del tiempo reside en Barcelona. Y en el ‘botxo’ se encuentra cómodo: «La comunidad es muy abierta, resulta fácil relacionarse, yo enseguida hice amigos cuando vine por primera vez en 1998». Eso sí, también hay bares exclusivos como Santu Bear (Dos de Mayo, 8), «un lugar para ‘osos’, o sea, gays grandotes». Allí no se ven plumas sino mucha barba.
En la variedad está el gusto. Por eso existen locales como Kremlin (Dos de Mayo, 18) donde lo que retumba es el rock alternativo, «nada de Madonna, música tecno o ‘marica pop’», aclara Aitor Urresti. Que para música ‘divertida’ y ‘petarda’ ya está Badulake (Hernani, 10), donde lo mismo suena Alaska que Raffaela Carrá. El abanico es amplio y la tranquilidad no se queda fuera: en Lamiak (Pelota, 8) siempre hay tiempo para charlar sin prisas, bajo la atenta mirada de una gata, atigrada y somnolienta, que se pasea entre las mesas como Pedro por su casa. Luego, si quieren, pueden acercarse hasta Charada (Pelota, 6) y comprarse una camiseta o un muñequito, de esos que están tan de moda, como los de la propaganda. «En Bilbao no hay compartimentos estancos entre gays y heterosexuales. Por ahí irá el futuro...».