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Cartujanos, árabes y percherones exhiben las destrezas aprendidas tras años de doma
16.11.07 -

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Apassionata (Barakaldo). Así bailan los caballos
Foto: Rafael Lafuente
No es nuevo que los caballos sean utilizados en espectáculos, el circo lleva años haciéndolo, al igual que el cine y la televisión. Que les pregunten a Domero y Blanco, dos caballos andaluces que encarnaron a Sombragris en ‘El Señor de los Anillos’, cómo les fue entre orcos; o al espectacular frisón negro de ‘Lady Halcón’ en cuánto se cifró su caché tras lucir melena. Lo que sí parece más novedoso es asistir a una exhibición de sus habilidades tras aprender las lecciones de la Alta Escuela, una de las gamas de la doma, para observar en acción a estos equinos titulados en acrobacias dentro de un cuidado montaje estético que incluye bailarines y la voz de la diva Arndis Halla. Pericia, elegancia, danza y ópera sobre un escenario por el que pasarán más de 50 ejemplares de pura raza, dos burros y ochenta y cinco personas.
Algo especial deben tener los caballos para gustar a casi todo el mundo, cierto embrujo que parte de su belleza, un halo de leyenda, de añorada libertad o, como defiende Bertín Osborne, presentador del show, que lleva conviviendo con ellos desde los tres años, la confianza que otorga haber «acompañado al hombre durante toda su historia; no es de extrañar que los sintamos tan cercanos». El caso es que su mirada devuelve paz al espíritu y adivinamos en ellos una inteligencia que los instructores de doma han sabido utilizar para aleccionarlos.
Aunque no crean que es fácil. Lograr que un caballo se sujete sobre dos patas o que obedezca al jinete cuando no monta sobre él siguiendo los movimientos que indican sus manos, por ejemplo, requiere su tiempo. «Los caballos aprenden por repetición, lo que implica mucha paciencia», explica Bertín. Santa paciencia, añadiríamos, ya que según Manolo Oliva, que lleva casi dos décadas trabajando con ellos, «se tarda una media de cinco años en entrenarlos para la mayoría de números y poses que verá el público».
Él es uno de los destacados profesionales a los que podrán admirar en acción, pero bajo los focos actúan otros como Luis Valença, que ha contado entre su público con la reina Isabel II de Inglaterra o Ronald Reagan; Ararat Martín Ruiz, especialista en volteo y considerado, a sus 18 años, el jinete más completo del mundo; o la familia francesa Hasta Luego, uno de cuyos miembros ostenta el Guiness de los Récords como jinete más rápido del mundo capaz de pasar a galope tendido por debajo de la panza del caballo para volver, después, a la silla. Ahí es nada.
«Si tuviera que destacar un número, elegiría el que esta familia realiza con tres cartujanos, por la belleza de los animales y la destreza de la doma a mano», admite Osborne. En cuanto a su raza favorita, prefiere la árabe, «pero como mido casi dos metros estos caballos son algo bajos para mí, así que me inclino por los cruzados».
Números acrobáticos, cómicos -¿imaginan las andanzas de un par de burritos un día de playa?-, malabarismos, baile, exhibiciones de doma, velocidad… se intercalan con las cuatro estaciones del año como hilo conductor en un espectáculo en el que, en ocasiones, los nervios harán contener el aliento a los asistentes mientras que en otras, como en el carnaval veneciano final, la belleza bloqueará el parpadeo.

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