
Campus TAU Baskonia (Vitoria). Irantzu Knörr. Tiene 12 años y vive en Vitoria. «¡Ya soy capaz de meter alguna canasta de tres puntos!»
La película se repite cada verano, pero al revés. Con la llegada de las vacaciones escolares, los niños se marchan de campamento y los padres se quedan, como McCauly Culkin, con toda la casa para ellos. La mayoría de las colonias ya tienen abierta la inscripción. ¿A qué esperas para escoger una? Como todo en esta vida, la primera vez siempre da un poco de miedo. ¿Se adaptará? ¿Nos echará de menos? ¿Encontrará amiguitos? Las respuestas a estas preguntas las tiene la directora de la colonia de verano de Sukarrieta, que organiza la BBK. «Desde el primer día, los monitores se aprenden los nombres de todos los chavales y se preocupan de que aquellos que son más tímidos o no conocen a nadie se integren en el grupo».
Superados los temores, el siguiente paso es ver qué tipo de campamento le va mejor al chiquitín. Para que respire aire puro, camine entre árboles y vea con sus propios ojos cómo llega al puerto la merluza que se convierte en esos palitos congelados que tanto le gustan, lo ideal es enviarle a un campamento que dé prioridad a la naturaleza, como el de Sukarrieta, en la reserva de Urdaibai. Durante la semana, el pequeño tiene la oportunidad de practicar vela y piragüismo, las actividades estrella. Además, cuentan con piscinas, campo de fútbol y baloncesto, frontón, caballos y mountain bikes. «Mis padres tenían que trabajar el verano pasado y me mandaron unos días a Sukarrieta. Lo que más me gustó fue montar en piragua y aprender a andar en bici», recuerda Julen Larruskain, un pequeño de 10 años de Matiena. En Sukarrieta se fomenta precisamente la diversión sin juegos electrónicos, televisión, ni móviles. «No eché de menos la ‘play’ en ningún momento», asegura Julen.
Si quieres, además, que el niño empiece a chapurrear sus primeras palabras en inglés, la organización EMY ofrece un campamento en la localidad cántabra de Rada, en la marisma de Santoña, en el que se dan tres horas de clase diarias. «Esta colonia es una buena opción para que los chicos pierdan el miedo a dormir lejos de sus casas, antes de mandarles a un curso de idiomas en el extranjero», explica la responsable de esta colonia, Beatriz Estraviz. En una finca de 32.000 metros cuadrados, los niños duermen en cabañas de madera. Las instalaciones cuentan con cancha de deportes, piscina, rocódromo, tirolina, tiro con arco… «Las clases de inglés no se me hicieron pesadas, porque los profes se inventaban juegos para que no nos aburriéramos. Eso sí, donde mejor me lo pasé fue en las canoas del lago», explica Jon Pérez, un niño de Eibar de 12 años que sueña que con ser periodista.
Quemar energías
El deporte es otra forma fantástica de que los críos quemen energías después de tanto pupitre y tanta consola. Uno de los campus que más fama tiene en Euskadi es el del TAU Baskonia. En este caso, vuelven a dormir a sus casas. El plan del día comienza por la mañana con una hora y media de entrenamiento en varios centros cívicos de Vitoria. Después, piscinas de Gamarra y comida al aire libre. Por la tarde, de nuevo a la cancha. Irantzu Knörr, de 12 años, cuenta su experiencia. «Yo juego de base en un equipo y el año pasado me apunté con mis amigas para mejorar mi técnica y hacer amigos. Aprendí un montón y ¡ya soy capaz de meter alguna canasta de tres puntos!».