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La villa encartada viaja a sus tiempos de esplendor y llena las calles de artesanos, titiriteros y buen ambiente
16.11.07 -

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Mercado medieval (Balmaseda). Voto a bríos
Dos equilibristas ponen a prueba sus habilidades ante decenas de asistentes a la feria./ Mitxel Atrio
Ándate con ojo si pasas por Balmaseda el próximo fin de semana, no sea que al doblar una esquina te topes con un tragafuegos, un adiestrador de boas, un bufón con mala leche o dos caballeros que miden sus espadas por un quítame allá una dama. Por su fisonomía y pasado, la villa se acomoda como pocas a la moda de ferias medievales que nos invade desde hace varios años y que transforma pueblos y ciudades en un remedo de villorrio de aquellos años oscuros, pero sin las incomodidades (pestes, olores, masacres...) de su tiempo.
Los vecinos hacen lo suyo por mejorar el ambiente, pues son muchos los que se atavían como nuestros antepasados o acondicionan sus locales para que, al margen de la iluminación, el aire acondicionado o el aluminio, adopten el aspecto adecuado. Como hacen Raquel Cano y Aitziber Marcos, del bar Naru, que el año pasado montaron una jaima y ahora se piensan ‘inventar‘ algo a la altura: «Es un fin de semana divertido, con mucha animación y mucha gente llegada de fuera».
Pirotecnia y música
Debe de ser así, con medio centenar de artesanos distribuidos por este pueblo que tan bien recuerda el pasado, con sus tres calles paralelas, sus imponentes construcciones y, sobre todo, ese puente medieval en el que aún parecen montar guardia los encargados de cobrar a quienes lo utilizaban para cruzar el Cadagua en su camino entre el mar y la meseta.
La organización de la feria corre a cargo del Ayuntamiento y de Pegasus, una empresa catalana especializada en saraos de este tipo (monta mercados romanos, renacentistas o andalusís), que este año han preparado un espectáculo bautizado como ‘Mestizaje‘ que la noche del sábado llenará Balmaseda de pirotécnia y música influenciada por las culturas del Mediterráneo o América Latina.
Pero el grueso del mercado corre a cargo de medio centenar de artesanos que mostrarán al público cómo se elaboran objetos al modo tradicional: vidrio, orfebrería, telas, cerámica o instrumentos musicales. Junto a ellos, no faltarán los puestos de gastronomía, de éxito garantizado, los adivinos o los escribanos. Ni Toni Gómez, un personaje popular en Balmaseda debido a que fabrica las tradicionales pucheras ferroviarias, en las que se elabora el mejor cocido.
«A la gente le va mucho el ocio y Balmaseda es la feria ‘número 1’ del norte», resume Gómez, quien, sin embargo, lamenta que la proliferación de ferias ha propiciado la presencia de ‘artesanos’ «que se limitan a copiar lo que hacen otros. En estos mercados se ven piezas muy interesantes y chorradas. Eso perjudica al sector y cansa a la gente».

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