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Itxas Lur (entre Kobarón y Pobeña) Muskiz. Paseo entre acantilados
El antiguo trazado del ferrocarril minero se ha convertido en una privilegiada ventana al Cantábrico
16.11.07 -

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Itxas Lur (entre Kobarón y Pobeña) Muskiz. Paseo entre acantilados
El cargadero de Mac Lennan será reconstruido tras desaparecer el original durante el temporal de la semana pasada./ Fernando Gómez
Más que la naturaleza salvaje, me gustan los paisajes civilizados, las obras de los hombres, el recuerdo de su paso. Itxas Lur es un hermoso paisaje salpicado de recuerdos y arqueología industrial. Hay un Itxas Lur ampliado, pero hablaré del imprescindible. Vayamos en coche hasta Kobaron, pasando Pobeña de largo. Una amena carretera local discurre entre eucaliptos, que clarean a veces permitiendo vislumbrar montes no tan altos ni tan lejanos como pudiera parecer en esa mirada rápida entre las curvas. Dejamos atrás Kobaron y nos dirigimos hacia los acantilados. Entre la maleza pueden verse dos hornos de calcinación, que se han ido vaciando de ladrillos refractarios.
Cerca del aparcamiento hay merenderos de madera y barbacoas de obra. Si nos acercamos a la barandilla, estaremos en el mejor observatorio de los patos en otoño. Tras viajar desde el otro lado del mar, los patos silvestres descansan durante el día en el agua, cerca de la línea de costa y, al atardecer, poco después de que el sol se oculte, salen hacia el interior, por el poniente, en agrupaciones como punta de flecha con decenas de individuos.
Sobre El Pedregal es inevitable pararse. Una docena de grandes barcos cuelgan a distinta altura del horizonte. El panorama es una falsa bahía, de Castro a Punta Lucero. El camino transcurre por los acantilados, a unos treinta metros de altura, sigue el trazado de un ferrocarril minero de principios del siglo XX, cuando estas colinas fueron una maqueta de tamaño natural donde se instalaron los primeros mecanos de la modernidad. Apenas se ha retocado nada: el firme, unas barandillas de madera y unas fuentes de hierro forjado. Hay caballos rumiando pensativos en las pendientes. La vegetación es escueta, con predominio de las árgomas. El paisaje verde hasta el mar, las peñas junto al agua, recuerdan Irlanda o Bretaña. Cada vez un mayor número de peregrinos siguen por aquí el camino de la costa hacia Santiago.
Cargadero de Mac Lennan
En la punta del castillo viejo sólo queda un cobertizo donde hubo una batería de costa. El brazo de tierra que se mete en el mar es un modesto Cabo Sounion de pizarras inclinadas. El camino se abre en los campones, donde pastan veinte vacas dispersas que posan como en un calendario. En lo alto está el Lavadero de Campomar, adonde llegaba el tranvía aéreo, desde La Arboleda, trazando ondas sobre el valle. El agua bombeada del mar servía para lavar el mineral, que era enviado de vuelta en el mismo artefacto, cadena sin fin, sobre baldes colgados. Quedan como testigos, el gran tope de piedra y derruidos edificios de oficinas. Abajo, en las marismas, junto al río, los pilotes que un día sujetaron las torres.
El camino se bifurca. El ascendente conduce al mejor panorama de todo el paseo. El que baja nos lleva al cargadero de Mac Lennan, la estación término del tren minero. Mediante maniobras no siempre sencillas, los barcos atracaban justo debajo, y el mineral de hierro caía en sus bodegas. Pobeña-Inglaterra. Es posible bajar, por unas escaleras, hasta el tronco de cono escalonado, en el que se asomaba, como un insecto gigante, hasta hace unos días, el cargadero sobre el agua. Cien años después, el peor temporal que se recuerda lo ha derribado de un golpetazo
El camino gira en el sentido de las olas. Da un poco de vértigo mirar los covarones del fondo. En la barra nunca faltan los pescadores de caña ni los muchachos del surf. Al otro lado de la costa, los cañaverales de Lastrón, la playa de rocas. A la derecha, Montaño, noticia de portada en los periódicos de Europa en la segunda carlistada, cuyas cortaduras no son naturales sino las primeras trincheras de la Historia. El camino desemboca en una escalinata de gran pendiente, sobre un antiguo plano inclinado. Baja a la ermita, al golden gate municipal que comunica con la playa de La Arena, ferruginosa y obrera, al malecón, a la marisma, a Pobeña.
Al socaire

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