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El Prado (Madrid). Turismo de alta velocidad
Estrategias para sacar partido a sesenta minutos en la pinacoteca
16.11.07 -

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El Prado (Madrid). Turismo de alta velocidad
Los grandes museos son tan inabarcables que, a veces, uno se da por vencido de antemano y renuncia a la visita, al considerarla una empresa incompatible con las urgencias del turismo contemporáneo. Para colmo, los expertos en arte suelen mirar con condescendencia o incluso desdén a quienes recorren las salas en plan picoteo, igual que si estuviesen profanando un templo del saber. Pero no nos engañemos: pasar una hora en El Prado es mejor que contemplarlo desde fuera y, aunque no nos convertirá en entendidos, sí resulta a la vez instructivo y muy ameno. Hay cuatro estrategias posibles:
•1• El recorrido anárquico: en El Prado todo es bueno, así que cualquier itinerario que se nos ocurra pasará por delante de obras maestras. Y, lo que es mejor, el visitante entregado al azar se topará con fascinantes curiosidades que, de otra forma, jamás buscaría: por ejemplo, los dos retratos que Juan Carreño de Miranda hizo a Eugenia Martínez Vallejo, conocida como ‘La Monstrua’, una niña de extraordinarias proporciones que fue exhibida en la corte a finales del siglo XVII y posó para él vestida y desnuda.
•2• El recorrido temporal: viajen antes del 20 de abril y sumérjanse en ‘El siglo XIX en El Prado’, la muestra que ha inaugurado las nuevas salas de exposiciones temporales. Si quieren batir récords de velocidad, céntrense en la sección dedicada a ‘La pintura de la Historia’, una selección de obras de gran formato sobre episodios de nuestro pasado: ‘El fusilamiento de Torrijos’, de Antonio Gisbert, o el macabro ‘La leyenda del rey Monje’, de José Casado del Alisal, imponen y sobrecogen al espectador, a la vez que demuestran cuánta sangre fluye por los libros de Historia.
•3• El recorrido temá­tico: concentrar la visita en un artista o una época queda muy bien, porque parece primar la profundidad sobre la abundancia. Opciones obvias son Goya o Velázquez, pero hay una sala concreta que merecería por sí misma los sesenta minutos de nuestra incursión: en la 56A, muy cerca de la puerta de Los Jerónimos, se miran frente a frente ‘El jardín de las Delicias’ de El Bosco y ‘El triunfo de la Muerte’ de Brueghel, dos visiones espeluznantes en las que uno se puede perder, si se atreve.
•4• El recorrido ‘greatest hits’: el museo lo pone fácil, porque el plano gratuito incluye un apartado de 45 «obras maestras» donde consta la sala en la que se encuentran. Algunas faltarán –por ejemplo, ‘Los fusilamientos del 3 de mayo’ se está restaurando–, pero esa sencilla guía garantiza una joya artística o dos por minuto. Deténgase ante ‘Las Meninas’, ponga el oído y escuchará a los aficionados más serios susurrándose con aire doctoral las mismas cosas que le enseñaron a usted en el colegio.

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