Es el signo de los tiempos: el trabajo se convierte en deporte, las ferias agrícolas en diversión para urbanitas y las minas albergan senderos paisajísticos y campos de golf. En La Arboleda, el sudor de los mineros y la infravivienda han dado paso a un espacio de ocio al que cada fin de semana acuden miles de personas atraídas por el esplendor de la Naturaleza, los lagos que antes fueron explotaciones a cielo abierto, las perolas de alubias -la especialidad local- y uno de los más atractivos y asequibles senderos de Vizcaya, al alcance de cualquiera que, con un mínimo de prudencia, quiera dar un buen paseo.
El recorrido (6 kilómetros en el tramo corto, algo menos de dos horas) parte del barrio de La Reineta, donde nos deja el funicular que sube desde Trapagaran. Con la vista puesta en las casas de La Arboleda, nos desviamos a la izquierda, camino de Barrionuevo (otro enclave nacido al desaparecer las viviendas a pie de mina), por una pista cómoda y sin demasiadas complicaciones con un objetivo claro: las antenas de telefonía de Mendibil, conocidas popularmente como el ‘pirulí’.
Memoria del hierro
Sobre las canteras descubrimos restos de las minas Orconera, Mame, las Cármenes... Y mientras ganamos altura junto a la alambrada de protección aparece un nuevo paisaje a nuestro alrededor. Abajo, los lagos Parkotxa, Ostión y Blondis y las praderas que los rodean. Al oeste, el panorama se pierde hacia Cantabria y el mar; mientras que al norte quedan el Abra y Uribe Costa. Llegamos así al único punto delicado de nuestro recorrido: un portillo abierto en la valla nos lleva a un sinuoso sendero sin protección camino de la cima del Mendibil. No es recomendable hacer la caminata con niños pequeños en días de viento, que sopla feroz en este espacio abierto. Mejor eludirlo y ascender por un fuerte repecho de 70 metros, los pocos de alguna dureza a lo largo de la excursión.
Llegados al llano vemos las antiguas ‘camas’ de las vías por las que ascendían las vagonetas mientras tratamos de imaginar cómo era La Arboleda hace cien años, un hervidero de hombres y máquinas empeñados en extraer el hierro desde las entrañas de la tierra. La panorámica es impactante: toda Vizcaya ante nuestros ojos. Llegamos a un pinar y la pista se vuelve asfaltada. Bajamos para tomar un sendero a la derecha, un poco incómodo. La antena de Telefónica ya está cerca.
No hay posibilidad de extraviarse por los pastos y los setos que bordean el caserío Bitarratxu hasta alcanzar los mojones del Mendibil y luego el pico de este nombre, junto al ‘pirulí’. El paisaje se transforma de nuevo. Ladera abajo divisamos la explotación de la mina Arnabal y sus terraplenes enfilados hacia el río Loiola. Luego, el barrio barakaldés de El Regato; más allá el Ganekogorta y las mayores alturas de la provincia: Gorbea, Aldamin, Anboto…
El Pico Mendibil también nos muestra el paisaje lunar propio de la explotación minera con La Arboleda y (paradojas de la vida) su nueva perspectiva turística y cultural con los hoyos del campo de golf. Descendemos hasta una pista claramente visible desde la cima que bordea las canteras y lagos, hacia el montículo verde de Zeitegi, para llegar al cementerio. Aquí cogemos el camino de regreso al pueblo.
Si en lugar de dar por finalizada la excursión queremos proseguir hasta completar los 12 kilómetros de la ruta, hay que atravesar los restos de las minas Manuelas, sin perder altura, para desembocar en el pinar de la mina Pickui. Un camino bien definido lleva al Centro de Interpretación de Peñas Negras. En sus inmediaciones se puede disfrutar con los niños del ‘laberinto’ de esta mina antes de coger la carretera que nos devuelve a La Arboleda por Triano.