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Zalduondo (Álava). Un paseo desde el Neolítico
Los alrededores dan para mucho: dólmenes, vías romanas, restos medievales e incluso «nostalgia de mar»
16.11.07 -

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A Koldo Martínez- Torres, de 48 años y profesor de Geodinámica de la UPV, le encantan los menhires, como a Obélix. Ha puesto en valor dos monolitos importantes que el tiempo había tirado, el de Arlobi, en el Gorbea, y el de Gusal, en Valderejo. Eran los faros alaveses del Neolítico. Piedras para no perderse. Además, tiene un especial olfato para los paisajes. «La palabra inglesa ‘landscape’ define mejor el sentido de ojeo. En castellano, paisaje viene del apaisado de los pintores, tiene un sentido más artístico», define. Donde cualquier otro ve una montaña, en el Aratz, por ejemplo, él ve un gran arrecife de corales y se pega con quien diga que Álava no tiene mar. «Lo tuvo en tiempos pasados, y entre las rocas se ha quedado esa nostalgia».
Conoce y ama Zalduondo –él rescata el nombre de siempre, Zalduendo– porque allí está su casa y le gusta hacer de guía para sus amigos. «Si hacemos una excursión cronológica, mi primer destino es Eguilaz, donde asoma el dolmen más grande del País Vasco. Es uno de los primeros que se descubrieron en España y está lleno de leyendas, como la de los soldados franceses enterrados tras la batalla de Vitoria. Al convertirse en autopista la N-1 ha quedado arrinconado, pero siempre vale la pena».
Arrieros y emperadores
El segundo punto obligado es la iglesia de San Román de San Millán. «Hay entre 50 y 60 lápidas romanas en sus muros. Piedras reutilizadas de una villa imperial que pudo ser Alba, un lugar por el que compiten también Albéniz y Salvatierra. Una verdadera colección de inscripciones. Por aquí pasaba la vía XXXV de Burdeos a Astorga, según el itinerario de Antonino».
Para conocer algo de la época prerrománica, Koldo Martínez-Torres propone la primitiva ermita de San Julián y Santa Basilisa de Aistra, uno de esos despoblados de la Edad Media que permiten conocer el tránsito del mundo antiguo al medievo, «una época que se comprende perfectamente en el túnel de San Adrián, en el macizo del Aizkorri, un lugar de paso, camino de Santiago, pura montaña cruzada por los restos de una calzada medieval por donde pasaron arrieros y emperadores». Para completar esa visión de la época, también hay que visitar la ermita de San Juan de Amamaio, que comparten Araia y Albéniz. «Románico de manual», dice Koldo Martínez-Torres.
La excursión cronológica acaba en el mismo Zalduondo, donde la arquitectura cobra un protagonismo especial con el palacio renacentista de los Lazarraga, sede del museo etnográfico; las casas encaladas por encima de la piedra de sillería y el puente del camino de Ordoñana, uno de los más bellos ejemplares de Álava. «No hay tapias en las casas como en los nuevos chalés. Todavía se respira vida de pueblo», concluye Koldo.

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