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‘Resaca Crónica. Cinco años en la Semana Grande’. Paseo con fantasma
Tras la ‘resaca’ de su último libro, el columnista de EL CORREO nos descubre su Bilbao más sentimental
16.11.07 -

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‘Resaca Crónica. Cinco años en la Semana Grande’. Paseo con fantasma
Jardines de Albia, ejemplo del encanto burgués del Ensanche./ Mitxel Atrio
El tiempo es una rueda inclemente. Envejecemos y los bares donde un día fuimos jóvenes se transforman en ‘kebabs’. El paseo comienza en Iturribide, zoco oxidado del Bilbao castizo, infierno multicolor. De día, una calle vibrante y menestral. Cuando llegan las noches del fin de semana, un hormiguero eléctrico y ruidoso. En cada esquina de esta calle sin esquinas, todo nos recuerda quiénes fuimos. Pinchos morunos del Melilla y Fez, cervezas con ginebra en el Gamiz. Bares de txikiteros capaces de pasar en un segundo del neorrealismo al surrealismo. En el viejo Iturriondo, Félix nos ponía la última ronda y nos regalaba bolsas de pipas para aligerar en lo posible el errático camino de vuelta.
Volver a Iturribide es una revisión del ‘Ubi sunt’. ¿Dónde estáis viejos combatientes de la noctambulia? ¿Y vosotros, taberneros que los jueves rebajabais las cervezas? ¿Y tú, enorme gato que dormitabas ajeno a todo sobre la televisión del Bizkai-Gane? Algunas cosas, claro, siguen ahí: el Muga, por ejemplo, en la entrada de María de Muñoz, con sus fanzines y sus hamburguesas de soja. Mejor será no hablar de la calle Esperanza. Sería demasiado doloroso. Medios cubatas del desaparecido Kike, una educación sentimental.
A veces, en Bilbao los puentes sirven para esquivar la melancolía. Huyendo de nuestro pasado, cruzamos el del Arenal y nos dirigimos al Iruña, un café al tiempo centroeuropeo y sevillano. Por los ventanales vemos los jardines de Albia y pensamos que simbolizan lo mejor de Bilbao. Casas con miradores, buen gusto, discreción, racionalismo. Es el encanto burgués del Ensanche, una zona que conviene recorrer con la mirada atenta a los preciosos edificios. El Ensanche, nos decimos, lleva a Europa y Europa es el mundo, ya lo anotó Cernuda. Para frenar nuestras ensoñaciones, conviene picar algo en la taberna taurina de Ledesma, esa oficinita decorada por un aficionado enfermo de ‘horror vacui’.
Lo siguiente será hacerse con algún libro que aplaque nuestra inquietud. Como nunca encontramos lo que buscamos, lo habitual es completar con creciente nerviosismo el triángulo que va de la FNAC a la Casa del Libro y a la antigua Herriak, hoy Elkar, de Licenciado Poza. De la librería, directos a la bodeguilla Vallejo, en el número 3 de la misma calle, mitológico establecimiento donde podemos beber vino servido directamente de la barrica y entregarnos a la ingestión de una de las máximas consecuciones de la especie: las gildas.
¿Una copa? Estamos a tiempo de acercarnos al bar-grill del hotel Carlton. Es un sitio precioso y los barman saben lo que hacen. Si hay hambre, podemos tomar la señorial Gran Vía y acercarnos a Diputación para probar la sabrosísima tortilla paisana del Lekeitio. A continuación, lo suyo es comprar algo de embutido en la tradicional charcutería La Moderna y pasear unos minutos hasta El Revistero de Henao, donde nos daremos el capricho de elegir alguna revista literaria, nacional o extranjera. Si hay tiempo, una visita al Museo de Bellas Artes, porque no conviene olvidar cuál es el museo más importante de la ciudad.
De vuelta a casa, no nos resistiremos a colaborar con nuestra presencia en la revitalización hedonista de Ajuriaguerra. Empezaremos en el Otxote II porque raro será que no haya algo de nuestro gusto en su interminable barra de pintxos. Después, podemos entrar a husmear un poco en el Anticuario Abando, la versión bilbaína del Almacén de Antigüedades de Dickens. Unos caracolillos en la Marisquería El Marqués y un vino blanco del Rin en el Singular, en el 9 de Heros, una vinoteca de precios sensatos donde sirven los caldos acompañados de nutritivas galletitas saladas. Muy cerca queda el anglófilo Residence. Los fines de semana tocan grupos en directo y podemos tomar una pinta mientras las nostálgicas melodías irlandesas nos hacen preguntarnos qué estará haciendo nuestro fantasma a esas horas por la oscura y lejana Iturribide.

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