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Ferrería en Agorregi (Guipúzcoa). Lingotes de hierro
Dentro del parque natural de Pagoeta, se encuentran los molinos y la ferrería Agorregi, que allá por el siglo XVIII el señor del Palacio de Laurgain decidió levantarla sobre las ruinas de otra anterior
16.11.07 -

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Ferrería en Agorregi (Guipúzcoa). Lingotes de hierro
Diversos senderos recorren los 2.860 hectáreas del parque natural de Pagoeta, caminos que zigzaguean sobre suaves colinas costeras. Los hay para pasear un rato, medio día o una jornada. En el centro de interpretación Caserío Iturraran te informan. Dentro de este paisaje de ensueño, se encuentran los molinos y la ferrería Agorregi, que allá por el siglo XVIII el señor del Palacio de Laurgain decidió levantarla sobre las ruinas de otra anterior. De allí salían lingotes que después eran transformados en aperos de labranza, armas o cualquier otro tipo de trabajo de forja.
El mineral, llegado normalmente desde Vizcaya, viajaba por mar hasta Orio a bordo de pataches benaqueros, repleto de impurezas que eliminar. Ahí entraban en juego los árboles de la zona. Hayas y robles de bosques aledaños servían como materia prima para el carbón vegetal con el que hierro era finalmente fundido. Y no sin esfuerzo ni gasto. Por cada kilo de mineral introducido en el horno desaparecían veinticinco kilos de madera, rentable para el hombre aunque quizá no tanto para la naturaleza.
Lo curioso es que esta ferrería basaba su puesta en marcha en un sistema de aprovechamiento hidráulico revolucionario en su momento. A los dos kilómetros de canales sumó un doble depósito de agua para insuflar el aire necesario a los fuelles durante el calentamiento del horno y para impulsar el molino de grano y el descomunal martillo –3,5 metros de longitud y 700 kilos de peso- que caía sobre el metal cien veces por minuto. Así durante años hasta que la competencia del carbón mineral en los Altos Hornos impuso sus ventajas. Hoy día Agorregi recupera para al público visitante este antiguo proceso de manera abreviada, ya que dar forma al lingote podía tardar entre cinco o seis horas.

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