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PLANES. vamos a la playa

La reserva atesora un puñado de calas de difícil acceso y mucha tranquilidad
24.06.09 -

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Calas de Urdaibai. Para perderse
Para soñar con los amaneceres sobre el cabo Higuer, tostarse con o sin bañador o pescar en la mayor reserva ecológica de Euskadi no hace falta pisar Laida o Laga. El Urdaibai está salpicado de rincones donde no llegan los socorristas, el agua dulce, ni las sombrillas. De arena, roca o hierba, sólo tienen una pega: su complicado acceso. Con la tabla de mareas en una mano –se publica todos los días en la página del Tiempo de EL CORREO– y la otra siempre libre para manejarse por los acantilados llega la primera elección: ¿nos mojamos en las olas o en la ría?
Más fácil empezar por la segunda. La más aislada de las calas tiene el sugerente nombre de la playa del Amor. El diminuto arenal de antaño donde las parejas buscaban intimidad –creo que lo siguen haciendo pero a horas no aptas para menores– hoy es una explanada con vistas a Busturia, Sukarrieta y Mundaka donde es mejor bañarse con sandalias porque suele haber algo de fango. La única manera de llegar es en coche, por la BI-3234. Una vez en Gernika, llegue a Arteaga, coja la ‘costera’ a mano izquierda y ponga rumbo a Laida. Unas cuantas curvas más adelante aparece Kanala. Aparque donde pueda, a ser posible cerca de la iglesia, porque ahí se encuentra la bajada a la playa. Hay otra opción. Seguir hasta Laida, con parking, y alquilar allí mismo, junto al bar Pedro, canoas o piragüas. Si rema a favor, muy aconsejable, es cuestión de diez minutos.
Este paraje debe su transformación al mayor dragado de la ría de los últimos 25 años. Los vertidos de arena no sólo borraron por un par de temporadas la mejor ‘izquierda’ de Europa para surfear. Alumbraron una nueva playa, sin nombre oficial, frente a la del Amor, junto a la isla de San Dinderi. Ideal para los días que la brisa sopla con fuerza, tiene zonas de sombra. Pero cuidado con la marea. La pleamar la rodea de agua, como lo comprobaron hace unos días dos chicas rescatadas por la Ertzaintza. Como en la anterior, se puede llegar a remo, vela o motor desde Laida. En coche –por la BI-2235 (Gernika-Bermeo)–, lo mejor es aparcar en San Antonio. En tren o autobús, hay que bajarse en la primera parada de Sukarrieta. Apenas son cinco minutos de paseo por una carretera interior hasta la playa de las Colonias, donde se quiere levantar el segundo Guggenheim. Una vez en la arena, se baja hasta el islote y se tuerce a la izquierda.
Hierba mullidita
Si el viento es realmente insoportable, nada como extender la toalla en el ‘mordisco’ de mullida hierba que se le ha dado a la isla de Txatxarramendi, en Sukarrieta. La llaman Alicante, está al final del puente y es mejor abstenerse cuando el termómetro suba de los 25 grados. ¡Cuidado con las escaleras!
Otro buen refugio para días fríos y ventosos es Portuondo, debajo del camping. Un camino de zarzas conduce hasta las rocas. Si tuerce a la derecha y baja por ellas a la zona de los botes se topará con otra playita muy escondida donde sólo oirá algún pájaro y el tren. Pero no se equivoque. Si mirando a Laida baja por la izquierda encontrará otra mini cala, en plena desembocadura de la ría, donde la potente corriente del agua se ha tragado más de una vida.
Queda la opción olas. De nuevo en la orilla de enfrente, entre Laga y Laida, los acantilados de Antzoras esconden una cala de este nombre, también conocida por Plaitxiki o Carabineros. El único camino –bastante malo– se encuentra entre los caseríos. Deje el coche en Laida. Cerrada al mar por una barrera rocosa, es uno de los escasos rincones nudistas. Después de Antzoras, justo frente al camino que sube al barrio de Andikone, aparece Boliñape.
Pero si lo que quiere es pescar con caña o fusil y no tiene posibilidad de salir a la mar, vaya a Lapatza, entre Natxitua y Elantzobe, con bajada desde el barrio de Ibinaga. No sueñe con arena. Sólo hay roca.

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