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PLANES. vamos a la playa

Esta playa guipuzcoana está rodeada de acantilados que cuentan las historia de la Tierra desde hace cien millones de años
24.06.09 -

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Playa de Itzurun (Zumaia). Las rocas del meteorito
Observada desde la cima del acantilado la playa de Itzurun puede parecer un arenal más de nuestras costas. Desde la ermita de San Telmo, patrón de los navegantes y callado guardián del sosiego de este paraje, la belleza de su escarpadura resulta innegable. En días despejados regala a quienes la visitan una imagen completa del litoral vizcaíno hasta Matxitxako y algunos dicen que sus atardeceres poseen un encanto especial.
Abajo, junto al agua, el ambiente no difiere demasiado del de otras playas. Motas de tela cubren la arena de este rincón guipuzcoano a lo largo de sus 270 metros de longitud. Sobre los lunares de felpa diminutas hormigas se tuestan al sol dejando correr el tiempo en posición horizontal. Chapotean en el caldillo fresco del Cantábrico, cuya temperatura nunca alcanza a abrasar la lengua, y aprovechando el oleaje, bañistas y amantes de los deportes acuáticos –especialmente del surf– comparten humedad. Pero Itzurun es mucho más que una bonita orilla donde ondea la bandera azul.
Curiosos taludes verticales de hasta 150 metros emergen de sus entrañas. Salen del suelo, desde Deba hasta Punta Mariantón, en Zumaia, igual que sierras cortando mar y arena y, aunque para legos en materia geológica aparenten simples rocas, en realidad resultan párrafos completos de la historia de nuestro planeta que afloraron entre el período Cretácico inferior –hace unos 100 millones de años– y la Era Terciaria –50 millones–, cuando este territorio se hallaba bajo el agua y a sus rocas se adherían sedimentos marinos. La temperatura del fondo del mar y su presión acabaron por plegar y elevar esas formaciones, lanzadas a cielo abierto como una enciclopedia de la que, siglos más tarde, harían acopio de conocimiento los humanos.
Cambio climático
Zumaia se ha convertido, gracias a ello, en centro de peregrinación para estudiosos de todo el mundo. No es fácil encontrar pruebas que apoyen la hipótesis de que un meteorito acabó con los dinosaurios, excepto en las páginas abiertas de estos estratos pétreos denominados flysch. Basta fijarse en uno de los tomos de esta particular Larousse donde los fósiles se esfuman y aparece el iridio –sustancia poco habitual en la tierra pero abundante en los meteoritos– para asegurar que hace 65 millones de años más del setenta por ciento de las especies desaparecieron, Tiranosaurus Rex y compañía incluidos, tal vez debido al impacto de un fragmento de materia cósmica. O confirmar, en otra capa, que 55,8 millones de años atrás el planeta sufrió el último gran cambio climático, un perturbador efecto invernadero.
Impresionante el testimonio que estos acantilados encierran, sobre todo cuando el pasado del planeta se encuentra escrito sobre nuestra costa, docta y bella, justo al lado de donde usted extiende la toalla.

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