Clásica Internacional Cicloturista
(Bilbao)
Cuándo: Domingo 6 de abril de 2008.
Salidao: Puente de Deusto.
Incripciones: CC Zubiarte (jueves, viernes, sábado y domingo antes de la carrera).
Precio: 9 € (federados) y 11 € (no federados).
Requisitos: Mayores de 11 años y uso de casco.
La clásica Bilbao-Bilbao se autodefine como ‘auténtico cicloturismo’. Y es verdad. No tiene nada que ver con la competición. No se trata de correr, sino de disfrutar. Es una fiesta. Todos los aficionados a la bicicleta están citados el 6 de abril en la capital vizcaína. Es su reclamo anual, multitudinario. Eso sí, hay que pisar a pedales 116 kilómetros, quebrados, tan llenos de postales y paisajes como de repechos. Así que es mejor ir preparado. Con el ‘traje’ adecuado para gran fiesta de la bicicleta.
Antes de afrontar la prueba conviene traducir los 116 kilómetros en tiempo: para los más preparados serán cuatro horas de esfuerzo y seis para los menos habituales en las carreteras. Eso es mucho tiempo. Hay que ensayar antes de la Bilbao-Bilbao. Pero no con los mismos kilómetros, sino con parecida duración. Luego, ya en la clásica cicloturista, todo es más ameno. Rodar en grupo ayuda. Y grupos sobran. Cada uno se subirá al vagón que mejor le permita economizar el aliento. La meta es llegar.
El recorrido no engaña. Desde el principio tiene perfil de tobogán. Sin grandes puertos. Sin casi tramos de tregua. Las cuestas de Lauro, Andraka, Barrika y Artebakarra son breves. Asumibles. El puerto de Unbe es ya más largo, aunque de escaso porcentaje. Una vez superado ese inicio con forma de sierra, tocará parada en el Parque Tecnológico de Zamudio. Estación. Lugar para comer. Ya se habrá superado la mitad del itinerario. Para algunos puede ser suficiente. Si ya no les quedan reservas, pueden abreviar el recorrido por Larrabetzu. Así esquivarán el gran reto de la Bilbao-Bilbao, la ascensión a Morga, larga y áspera en su tramo final.
Gasolina natural
Al cuerpo hay que llevarlo a la escuela. Tiene que estar mínimamente habituado al esfuerzo. Un chequeo médico elimina dudas y riesgos. Y el entrenamiento evita problemas. Entrenamiento en carretera y fuera. Nuestro combustible es el glucógeno. Gasolina natural. El día de la prueba hay que desayunar al menos dos horas antes del inicio. Pasta, arroz, cereales, fruta, leche...
Es decir, hidratos de carbono, los precursores del glucógeno. Ya sobre el asfalto, se trata de retrasar la fatiga. ¿Cómo? Con alimento líquido o de fácil digestión. Hay que comer cada media hora. Y beber cada quince o veinte minutos. Incluso si llueve. Cuando aparece la sed o el hambre, ya es tarde. La alimentación y el entrenamiento evitan los calambres, un mal frecuente en las marchas cicloturistas. Ah, y los estiramientos ayudan. En la salida y en cada parón.
Cada cicloturista tiene su propio límite. Sobrepasarlo carece de sentido. No se debe recuperar en un descenso lo que se ha perdido en la subida. La temeridad se paga, y más cuando muchos de los participantes no tienen el hábito de rodar en grupo. Tampoco hay que estirar la resistencia del organismo. Algunos cicloturistas portan pulsómetro. Es un buen método para conocer el umbral físico. Pero no es necesario. Basta con escuchar al cuerpo.
Y las rampas de Morga, ya con casi 100 kilómetros en las piernas, requieren un depósito de gasolina que no roce la reserva. En el cicloturismo priman los motores diésel. Fiables, resistentes. Duraderos. Con un buen casco, prudencia, un par de buenos entrenamientos de resistencia, herramientas para los repuestos y ganas de disfrutar se cose el ‘traje’ para la gran fiesta del cicloturismo.