El destino que propone Andoni Zubizarreta está en el País Vasco francés, pero su proximidad geográfica lo convierte en un lugar ideal para conocer en un día o dos sin perder mucho tiempo en el trayecto. «Me encanta la cornisa desde Ciboure hasta Hendaya», precisa el ex futbolista. «Y aunque Biarritz es la ciudad más glamurosa y espectacular de la zona, si tengo que elegir, me quedo con San Juan de Luz. Creo que es una localidad que tiene una dimensión a escala humana, ofrece mucha tranquilidad y una playa inmensa y maravillosa, ideal para ir con niños, ya que no es peligrosa». Con un puñado de palabras, Andoni dibuja el perfil de esta joya del Golfo de Vizcaya.
El lugar le trae buenos recuerdos de distintas etapas de su vida. Los primeros, de su infancia, cuando viajaba en familia. «Íbamos de pequeños y el viaje tenía algo especial, porque implicaba aquello de ‘salir a Europa’ y cambiar de aires», relata. Tiempo después, cuando el deporte le convirtió en una persona conocida, Andoni acudía a menudo para desconectarse y descansar. «Era ideal –explica-. Cuando yo estaba en activo, Francia no era un país muy futbolero. Si necesitaba estar solo o relajarme, iba hasta San Juan de Luz. Estaba cerca de casa, pero tenía la posibilidad de salir a pasear por la calle y caminar con tranquilidad».
El deportista disfruta de la estancia y del viaje: «Mientras vas por la carretera, el terreno empieza a cambiar. Pasas del valle cerrado a un entorno más plano y extenso en el que la mirada llega mucho más allá». En ese sentido, si algo le cautiva del lugar, es «el contraste de la pradera y el mar». Como si la tierra se desperezara, «el verde del valle se mete hasta el mar. Eso siempre me ha llamado mucho la atención», dice Andoni, que recomienda subir a la montaña para tener una mejor perspectiva. Más abajo, en el borde marino del pueblo, sugiere el paseo que discurre junto a la bahía. «No me perdería por nada un paseo por el malecón», aconseja.
Además de las bondades naturales, San Juan de Luz ofrece historia y encanto. La localidad fue cuna de balleneros y corsarios y, también, el escenario del enlace del rey Luis XIV con la infanta María Teresa de Castilla. En la actualidad, es un pequeño pueblo pesquero que combina las actividades marinas con una vida relajada y de exquisita calidad. Su tamaño y la disposición de sus calles invitan a dejar el coche aparcado y disfrutar del paseo a pie, investigando cada rincón, cada tienda y puesto de flores que llenan de color su entramado urbano, donde no es difícil perderse en estrechas callejuelas.
Con una arquitectura en la que predominan casas blancas y contraventanas rojas, uno de los paseos favoritos de los turistas es la calle Gambeta, que es peatonal y está animada por numerosas tiendas de puro estilo francés. En medio, la iglesia de San Juan Bautista domina todo el entorno y, justo al final de esa vía, una gran plaza con distintas cafeterías se abre junto al muelle del pueblo. «Es un placer sentarse en una terraza a tomar un café», recomienda Andoni.