Se la conoce como ‘el asesino silencioso’, porque es posible convivir con ella durante años sin sospechar lo más mínimo. Y porque su diagnóstico llega tarde en demasiadas ocasiones. Por ello, prevenir la hipertensión arterial o tratarla es la única manera de evitar males mayores, como ataques coronarios o accidentes cerebrovasculares. ¿Que por qué les contamos esto en GPS? No se desanimen y sigan leyendo, que aquí hay un buen plan para seguir vivito y coleando.
En vísperas de la reunión de la Sociedad Vasca de Hipertensión Arterial, que se celebrará el próximo viernes en Vitoria, recorremos con su presidente, el nefrólogo Julen Otxaran, y con el cardiólogo Ignacio Camacho la ‘senda de los corazonistas’, un paseo que tiene un gemelo en todos los pueblos de España y al que habitualmente se le bautiza como ‘la ruta del colesterol’.
En sentido literal, aquí hablamos de un paseo, de un bello paseo de ida y vuelta de cinco kilómetros entre el corazón de Vitoria y la basílica de Armentia. En el figurado, de una especie de decálogo de prácticas cardiovasculares saludables que Camacho y Otxaran hilvanan a un ritmo de 5 kilómetros por hora: el que al menos tres veces por semana debe marcar un paseo que se antoja «imprescindible» para que la presión que ejerce la sangre contra las arterias sea la adecuada. A saber, que no supere en ningún caso el valor 14-9.
Ahuyentando, pues, al sedentarismo, el primero de los pecados capitales que contravienen una vida sana –lo son también la obesidad, el estrés, el alcohol y el tabaco, así como una dieta rica en sal y pobre el potasio–, el paseo arranca en la plaza de la Virgen Blanca. «La hora da igual –apunta el doctor Camacho–. Pero siempre han de transcurrir tres horas desde la última comida, ya que durante la digestión el flujo sanguíneo se redistribuye». A media mañana, a media tarde o antes de cenar se revelan por tanto como los momentos del día más idóneos para sudar la camiseta. Porque, eso sí, el paseo se debe dar a paso ligero.
Sin malas compañías
A la altura del parque de La Florida –un auténtico jardín botánico diseñado en el siglo XIX según el gusto romántico de la época– Camacho y Otxaran abundan en los riesgos de llevar una vida sedentaria: obesidad, colesterol, artrosis... y, por supuesto, hipertensión. Otra vez el ‘asesino silencioso’, que afecta al 25% de la población mayor de 35 años y al 33% de la tercera edad. No es su caso. La sangre fluye sin presión por sus arterias, mientras la charla hace lo propio por los paseos de la Senda y de Fray Francisco.
Flanqueado por bellos palacios de comienzos del siglo XX –el de Zulueta, el de Zuloaga, Ajuria Enea o Villa Sofía– el recorrido invita a la conversación. Y abre el apetito. Es entonces cuando los dos especialistas apuntan las claves para una alimentación equilibrada. «Imaginemos –explica Camacho– que una comida o una cena se divide en cinco fraciones. Dos deben ser de proteínas (huevos, carne y pescado), otras dos de hidratos de carbono (verdura, legumbre, fruta, pasta, pan o cereales) y tan sólo una de grasas».
Entonces, y tras dejar atrás el estadio de Mendizorroza y El Mineral –antigua fuente de aguas sulfurosas, más tarde un restaurante y hoy un edificio abandonado–, Camacho y Otxaran encaran la subida del paseo de San Prudencio, el que conduce hasta Armentia, para concluir el recorrido en la mesa de la sidrería San Prudencio.
Sin copa y sin puro, porque el tabaco y el alcohol son malas compañías. Sobre el primero, son inmisericordes: «cierra los vasos y dispara la tensión». El segundo, en cambio, lo admiten en pequeñas dosis. «Una botella de vino cada tres días o una cerveza pueden resultar beneficiosos para las arterias».