Munain-Okariz (Álava)
Paseo: La ruta acondicionada y señalizada por la Diputación se recorre en apenas media hora..
El bosque: Ocupa 385 hectáreas y ha sido estudiado hasta por jardineros de Isabel II.
Érase una vez un famoso cerdo llamado ‘Chato vitoriano’ al que le gustaba hozar en las dehesas de robles y quejigos situadas en las laderas de la sierra de Entzia. En estas fechas otoñales, los cochinos eran más felices que nunca porque los campos se llenaban de bellotas, su comida favorita. Cada familia tenía un cortín donde aquellos animales, ricos en tocino, pasaban largas temporadas. Aquella carne y aquellas grasas mataron mucha hambre a mediados del siglo XX. La peste porcina acabó un día con aquel cerdo y la economía hizo lo propio con aquella forma de criarlos, una tradición que hoy sólo es rentable en las zonas del cerdo ibérico. Sirva este recuerdo a aquella especie autóctona desaparecida, mejorada en Arkaute en el siglo XIX, para explicar por qué en un monte común de los pueblos alaveses de Okariz y Munain se ha conservado, lejos de la curiosidad de los montañeros y domingueros, un bosque singular.
Los vecinos de estos pueblos dejaban crecer sus robles hasta cierta altura y los talaban. Los troncos crecían a lo ancho y por las ramas, y una buena gestión en la tala permitía coger leña para casa y para el carboneo. Alrededor, pastizales donde además del cerdo se alimentaban la oveja y el ganado mayor. Un mundo perfecto, diseñado en la Edad Media, que se hundió en los años setenta, cuando mucho pastizales se convirtieron en tierras de cultivo y algunos árboles fueron talados.
La dehesa ha desaparecido y aquellos gigantes están rodeados hoy en día de maleza y pequeños árboles, pero muchos resisten en pie. Hace una década, fueron los naturalistas los primeros en poner sus ojos aquí. Es una zona privilegiada donde nace el Zadorra, que ha dibujado la Llanada alavesa durante millones de años. Vinieron expertos del Reino Unido, de la Asociación de Amigos de los Árboles Viejos y hasta personas encargadas de la jardinería de la propia reina Isabel II a estudiarlo. A los ojos de la ciencia, el bosque de Munain-Okariz es una joya desconocida llena de vida difícil de igualar en Europa y muy poco conocida que ocupa solamente unas 385 hectáreas en Munain (213) y Okariz (171).
El resultado de los estudios es espectacular y el secreto está en la biodiversidad que guardan los árboles centenarios: 608 de al menos cinco siglos de antigüedad, otros de ocho siglos y alguno hasta de 1.500 años, con un perímetro medio de unos 428 centímetros. Se han hallado 103 especies de escarabajos asociados a robles centenarios. Dos de ellos están considerados como prioritarios en la directiva europea Hábitat y trece apenas son conocidos en la Península. Dos especies son nuevas para la fauna ibérica y 25 para la del País Vasco.
En briofitos -plantas sin flores, vasos ni raíces- se han catalogado 92 especies de musgos y 19 de helechos. Muchos son de gran interés y 6 están amenazadas. En líquenes, hay 129 variedades, varias exclusivas. Sólo en hongos hay 225, algunos muy raros. En avifauna, se han encontrado 107 tipos de animales. Son razones de peso para valorar un paraje que está protegido como Lugar de Interés Comunitario dentro de la Sierra de Entzia . Para su visita, la Diputación ha acondicionado un sendero (una media hora de paseo) con balizas que parte desde Munain, aunque los paneles que configuran la explicación pedagógica del lugar aún deberán esperar.