Te presentamos un plan en el que hay vino, de hecho litros y litros, pero no te preocupes: no tendrás ni la necesidad de visitar urgencias ni padecerás la jaqueca del día siguiente. Aquí lo que más peligra es tu ropa y las risas están garantizadas. Y es que a pocas batallas se irá con tanta alegría como a ésta, que no tiene nada de cruenta y sí mucho de divertida y loca. La fiesta, de Interés Turístico Nacional desde 1965, rememora de alguna manera los pleitos existentes entre Miranda de Ebro y Haro por la posesión de la parte de los Montes Obarenes, donde se asientan los Riscos de Bilibio, escenario que se tiñe de grana cada 29 de junio. La sentencia final establecía que cada día de San Pedro, la Villa de Haro, con sus autoridades al frente, tenía que reivindicar la propiedad de los montes. Para ello debían colocar el pendón morado de la ciudad junto a la ermita de San Felices de Bilibio. Si no se hacía así, la propiedad y límites pasarían a Miranda de Ebro.
La novedad de este año está en que ese cargo simbólico recae por primera vez en la historia en una mujer, Susana Tubía, concejal del Ayuntamiento jarrero. Ella será la encargada de colocar el pendón morado en la parte más alta de los riscos, junto a la imagen de San Felices de Bilibio. Será entonces cuando se abrirá la veda. Todos contra todos, y el vino como arma.
La tradición dice que es después de la misa cuando arranca la batalla. Sin embargo, en los últimos años, nada más aparecer las primeras luces del día, comienzan las hostilidades. Y tres peñas jarreras, Iturri, Cachondeo y Los Veteranos, amenizan la lucha con sus charangas y sólo con el fin de la munición se proclama el alto el fuego.
Cómo sobrevivir
La batalla del vino sería el escenario perfecto para el anuncio de un detergente, con los protagonistas de vino hasta las orejas y buscando mancharse y manchar a todos. Hay que intentar, lo primero, no abrir demasiado la boca entre chorretón y chorretón. Sí, el objetivo es ponerse perdido, pero de otra manera muy distinta.
Porque hay que tener en cuenta que salir indemne es imposible. En los Riscos de Bilibio no se libra ni dios y ya puedes ir clamando piedad que nadie atenderá tus súplicas. Uno primero dispara, y luego se ríe. Los jarreros no hacen prisioneros. Utilizan malas artes y armas de lo más variadas. Y es que la sombra de MacGyver es muy alargada. Desde la típica pistola de agua, pasando por la tradicional bota, sulfatadoras, hasta escobillas de water. Todo vale mientras manche.
Debes hacerte a la idea de que llegarás a casa hecho una piltrafa, pero contento. Mucha gente intenta pasar el trago poniéndose un chubasquero bajo la camiseta. Craso error. El vino es como la arena en la playa. Entra por cualquier lado y la sensación de humedad puede llegar a ser insoportable. Lo mejor es llevar una camiseta de quita y pon en una bolsa. Una para la batalla en sí y otra para bajar hasta el pueblo donde, en la plaza de La Paz, se realizarán las tradicionales vueltas acompañados por las charangas.
También es aconsejable ponerse un calzado cómodo, ya que los Riscos de Bilibio se encuentran a unos 6 kilómetros de Haro. Y, por supuesto, llevar munición de reserva. Cuanto más vino más durará la lucha. En la refriega de 2007 se llegaron a lanzar 20.000 litros, de los que casi 5.000 fueron aportados por el Ayuntamiento. Así que ya sabes, feliz combate.