Rusia y Ucrania, dos países eslavos unidos por estrechos lazos en todos los terrenos, han llegado a una situación de ruptura sin precedentes. Tal y como ya se había advertido, la compañía Gazprom, el poderoso monopolio energético ruso, procedió ayer a cortar el flujo de gas con destino a Ucrania en una actitud que tendrá consecuencias imprevisibles para la economía del país y para la estabilidad en la zona. El desencuentro se produce a causa de la negativa de Kiev a aceptar las nuevas tarifas de gas establecidas por Gazprom, que casi quintuplican las vigentes hasta la fecha.