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Lunes, 2 de enero de 2006
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VIZCAYA
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El bebé tranquilo
Víctor Jepure, hijo de bilbaína y alemán, se convirtió ayer a las 0.08 horas en el primer vasco de 2006
EL NÚMERO UNO. El pequeño pesó 3,200 kilos y midió 50 centímetros. / FOTOS: FERNANDO GÓMEZ
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Le esperaban desde el pasado 26 de diciembre, pero Víctor Jepure prefirió aguardar hasta las 0.08 horas de ayer para convertirse en el primer vizcaíno de 2006. Ni el vitoriano Julen Ochoa-Deribe, que vino al mundo en el hospital Txagorritxu a las 5.45 horas, ni el donostiarra Alex Michelena, que lo hizo en el centro sanitario Donosti a las dos menos diez de la madrugada, lograron arrebatarle el honor de ser también el primer vasco del año que acababa de comenzar.

Primer hijo de María y Antonel, el pequeño Víctor, que pesó 3,200 kilos y midió 50 centímetros, fue el único parto que registró el hospital de Basurto en toda la noche. «Es muy bueno y tranquilo», comentaba sin quitarle el ojo de encima Merche, su orgullosa abuela materna. Acomodado en su cuna de la habitación 118, el recién nacido, de madre bilbaína y padre alemán, descansaba ajeno al revuelo que su nacimiento provocó en el paritorio. «Los médicos que me atendieron no pudieron tomarse las uvas. Bromeaban diciendo que celebrarían la entrada del nuevo año a la una, en horario canario», contaba con humor la madre del pequeño, completamente exhausta tras más de diez horas de parto.

Sin haber cumplido un día de vida, Víctor ya era la 'estrella' del pabellón Iturrizar. Numerosos medios gráficos visitaron al bebé que, aunque al principio supo mantener el tipo ante los flashes y las cámaras que le rodeaban, dejó claro que ya no quería continuar posando cuando comenzó a llorar con todas sus fuerzas. «Estará asustado preguntándose: '¿Quiénes son todos éstos?'», reía su abuelo.

Antonel, que no se había separado de su mujer en todo el día, se marchó a casa a la hora de comer para descansar un poco y regresar de nuevo después con energías renovadas para disfrutar de su primer hijo. «Han sido muchas horas. El pobre está agotado», explicaba su suegro Jesús.

Lazo rojo de la suerte

Una hora y 50 minutos después de que sonara la última campanada, Aimar Martín Vallejo se convertía en el segundo vizcaíno de 2006. Nacido por cesárea en el hospital de Cruces, el pequeño protagonizó el primer alumbramiento de la jornada en el centro baracaldés. «Ha sido horrible», reconocía Maite, la madre del pequeño. «Llevaba ingresada desde las cinco de la tarde y el bebé no acababa de salir. Sobre la una, el médico pensó que sería mejor practicarme una cesárea», relataba esta vecina de Barakaldo de 38 años a la que los médicos colocaron un lazo rojo de la suerte al entrar en el paritorio. «Fue todo un detalle. Yo esperaba un trato más frío, pero la verdad es que todo el equipo médico se ha portado de maravilla», apuntaba Maite, aún molesta por los puntos que le había dejado la intervención.

Muy cerca de ella, Aimar dormía plácidamente. Y no podía estar mejor acompañado. Además de sus padres, otros cinco miembros de la familia contemplaban embobados al recién nacido en sus primeras horas de vida. Su hermana Oihane, de nueve años, no se separaba ni un segundo de su lado. Estaba deseando tener un compañero de juegos. «Estoy muy contenta con él», murmuraba la pequeña con timidez sin dejar de acariciarle la cara.

«Es un santo»

Roberto Martín, el padre de la criatura, que pesó 2,870 kilos y midió 50 centímetros, no podía disimular su orgullo. «Es un santo», apuntaba emocionado antes de mostrar la ecografía de Aimar que adorna la pantalla de su teléfono móvil desde hace dos meses.

El nacimiento del bebé no les dejó tomar las uvas, pero la familia Martín-Vallejo ya tenía pensada una solución alternativa. «Dejé claro que si yo no podía tomarlas no lo haría nadie, así que tenemos pensado celebrar la Nochevieja hoy mismo, en el hospital», anunciaba Maite con una amplia sonrisa.



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