Queridos Reyes Magos: os pido que en el Congreso, el Senado y en los parlamentos autonómicos se cambien las butacas por pupitres para que se den cuenta los parlamentarios de que sus representados estamos incómodos, y para que aprendan a dialogar y pactar desistiendo de aspiraciones partidistas. Que quienes se ofrecieron a servir al pueblo cumplan promesas, que quienes ocupan las poltronas dejen de meter el cazo y la cuchara en el suculento plato del poder, que se dejen de prebendas y que su derecho a jubilación sea como el de cualquier españolito, que se paguen sus planes de pensiones con sus suelditos y que devuelvan como todo hijo de vecino los préstamos, intereses y recargos.
Os pido que el presidente del Gobierno encuentre la fórmula para la unión nacional, que termine el chantaje territorial y que no permitáis que nadie se lleve la Constitución al huerto. Que a quienes dividieron a la sociedad, les paséis factura y les obliguéis a que se comprometan por la igualdad, el entendimiento y la convivencia. Que cualquier ciudadano del mundo pueda trasladarse donde quiera con los papeles en regla, que se reponga a los 157 profesores a sus puestos de trabajo, que cese la discriminación, que se equiparen las subidas salariales y pensiones con los beneficios empresariales. O que, al menos, si no suben las pensiones y las jubilaciones, que tampoco lo haga el pan, la luz, la carne y el pescado, la vivienda, el agua y la mala leche.
Os pido dos cosas más. Una, que La Moncloa, Ajuria Enea y todos los palacetes de presidentes de comunidades autónomas se habiliten para hospitales o residencias para afectados por enfermedades o para ancianos. Y la segunda, que exijáis a los representantes políticos que no hablen tanto de paz y que se comprometan en acabar con la violencia. Felicidades, majestades.