El Correo Digital
Miércoles, 4 de enero de 2006
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CULTURA
A PROPÓSITO
Humo de ley
Helos aquí hechos carne de gueto, los fumadores, los proscritos humeantes. Esos que por el humo se delatan y es fácil seguir su rastro por las volutas; el humo es en ellos como el cascabel medieval de los leprosos. Por lo que respecta a los guetos tabaqueros, en algunos casos están en las terrazas. El fumador en el tejado es el que trabaja y se gana la vida en rascacielos. Ganar la calle desde la oficina cuesta demasiado tiempo, a veces veinte minutos. Después están los variados y diseminados guetos a ras de asfalto: las entradas de los edificios, los apartados rincones, escalinatas, las aceras con hombres y mujeres que no van a ningún lado, parados, estáticos, apurando el ansiado cigarro. Hay que ver cómo han acabado los fumadores. Apoyados en una farola, punto de apoyo aún caliente por las meretrices de la noche, tragando y expulsando los humos del pitillo y todo lo venenoso del ambiente urbano. Es porque quieren, se piensa y se dice, es un vicio voluntario. Pueden dejar de fumar si se lo proponen, y que no digan que no les han avisado con antelación sobre las medidas en curso.

Bien, la ley está para cumplirla, aunque los legisladores parece que no han dejado muy claro quiénes se encargarán de hacerla cumplir. Resulta tan surrealista como si los malhechores de toda laya no tuvieran quiénes les persiguieran ni supieran de qué determinado estamento del Orden Público tendrían que huir y zafarse. Imaginemos al delincuente sin aclararse quién le puede echar mano. Se dan situaciones como que las multas, sanciones, recursos, todavía no tengan destino. El cuerpo de inspectores o el organismo competente para los tramites sancionadores son una incógnita. Se cita, se nombra, se apela a la Agencia Antidroga o a una Ley de Drogodependencias que, así de pronto, suenan muy fuerte si han de encargarse de cargarse a los nuevos infractores, sobre todo si se tiene en cuenta el ejemplar acatamiento de la normativa. La oficialidad se hace lenguas de cómo cumple el fumador tras la entrada en vigor de las prohibiciones: sin incidentes, armonía general. En los estancos, un cartel que no tendría sentido en una vinatería o en un bar: 'Prohibido consumir lo que aquí se vende'. Legalmente.



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