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Miércoles, 4 de enero de 2006
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ECONOMÍA
ANÁLISIS
Conocemos la canción
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Tiene razón Moraleda, el secretario de estado de comunicación, cuando asegura que la decisión adoptada por el pleno del tribunal de Defensa de la Competencia no es vinculante. Ya, pero esa acertada conclusión es un consuelo, más que flaco, anoréxico. El gobierno podrá, a pesar de todo, aprobar la fusión entre Endesa y Gas Natural. Será capaz de encontrar argumentos que defiendan la ausencia de daños y podrá aducir sin rubor su conveniencia para consumidores y accionistas y su perfecta adecuación al sistema eléctrico actual. En esta vida casi todo se puede justificar y esta operación es lo suficientemente enmarañada como para que su color cambie completamente según sea el de la lupa a través de la cual se observa el mapa energético.

Podrá hacer todo lo que quiera, menos una cosa. Recuperar el buen nombre de los órganos reguladores y rehacer la maltrecha opinión que todos nos hemos formado de ellos es un milagro sin posibilidad alguna de suceder. Una cosa es que la cuestión de fondo sea compleja, que admita matices y que se justifiquen opiniones distintas, y otra es la contundente complicidad de los miembros de los órganos reguladores que votan siempre en función d e los pareceres y según los intereses de los partidos que los han nombrado para el cargo. De ellos se espera una actuación técnica responsable y que muestren un comportamiento acorde con la independencia de criterio. Lo que hacen no es eso, lo que hacen se parece demasiado a una devolución de favores debidos y a un seguimiento fiel de órdenes recibidas. Pero, para eso, no necesitamos organismos reguladores. Para eso, ya tenemos a los gobiernos y a los parlamentos. Si siempre van a decir lo mismo, es mejor que no digan nada. Conocemos la canción.



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