José Luis Rodríguez Zapatero planea reunirse con los líderes de las fuerzas políticas catalanas, pero esperará a que sus negociadores tengan bien resueltas las cuestiones más conflictivas del Estatuto. El secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, dejó ayer claro que el presidente del Gobierno, por ahora, no tiene intención de intervenir a estas alturas del proceso. «Las conversaciones están en el ámbito en el que deben estar y ahí deben continuar, en sede parlamentaria», señaló.
La participación del jefe del Ejecutivo está prevista, según fuentes gubernamentales, para el último tramo de las conversaciones, que debería tener lugar a finales de enero, antes de que el texto estatutario entre en la Comisión Constitucional del Congreso. Rodríguez Zapatero no quiere repetir «en estos momentos», en palabras de Moraleda, la escena que se produjo el 22 de septiembre, cuando se vio obligado a involucrarse de lleno en las negociaciones que se desarrollaban en el Parlamento catalán para evitar que el proyecto encallase.
Su cita en La Moncloa con el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, y el líder de CiU, Artur Mas, sirvió para dar un golpe de timón a las negociaciones. Ahora, y pese a que desde ERC se ha reclamado su presencia, prefiere mantenerse al margen porque considera que aún hay espacio para el acuerdo.
El secretario de Comunicación, en una rueda de prensa en La Moncloa, apuntó que «ocurre como en tantas ocasiones: el Gobierno ve el vaso medio lleno y otros los ven medio vacío; en realidad, se mire por donde se mire, el vaso está por la mitad». De lo que se trata es de llenar de aquí a finales de mes la mitad que falta mediante reuniones bilaterales como las que mantuvieron los interlocutores gubernamentales y socialistas -Alfredo Pérez Rubalcaba, José Montilla, Francisco Caamaño, Pedro Solbes y Miguel Ángel Fernández Ordóñez- con los dirigentes catalanes a lo largo de diciembre.
Esta misma semana -según avanzaron ayer el presidente de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira, y la vicepresidenta del PSC, Manuela de Madre- habrá encuentros para tratar asuntos clave de la reforma como los relativos al poder judicial, la definición de Cataluña como nación o el sistema de financiación. Rodríguez Zapatero comunicó hace días a los negociadores socialistas que convocará una reunión al más alto nivel sólo cuando las conversaciones estén bien avanzadas y sea necesario un empujón decisivo que permita cerrar este último punto, el más conflictivo y fundamental para el acuerdo. Hasta entonces, prefiere no quemar naves que supongan un desgaste inútil de su imagen.
Encuestas
El jefe del Ejecutivo ha visto en los últimos meses cómo, de acuerdo con las encuestas, el debate sobre el Estatuto catalán ha perjudicado las expectativas electorales de su partido y ahora trata de que las aguas vuelvan a su cauce. Para eso necesitará lo que reclamó Moraleda en su intervención: «un clima de calma y sosiego ausente de crispación».
El portavoz hizo con este apunte una llamada al principal partido de la oposición, que la semana pasada ofreció al presidente del Gobierno consenso sobre la reforma catalana. «Si el año empieza con un tono menos avinagrado de algunos políticos, podremos hablar como lo hace el común de los ciudadanos, escuchando las consideraciones de otro y buscando el término medio». Pese al tono conciliador de estas palabras, fuentes gubernamentales ven poco factible un acercamiento al Partido Popular.