El Correo Digital
Jueves, 5 de enero de 2006
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DEPORTES
ANÁLISIS
Agridulce
Me quedó un sabor agridulce, más agrio que dulce, al final del partido. Lo vi en la tele, en un bar cualquiera de otra ciudad, y repliqué a un desconocido para quien el resultado se correspondía con lo que podía esperarse. El Madrid no ha hecho nada para ganar, dije. Ya sé que exageraba y también que debí dar por bueno el partido vibrante, el derroche físico y el entusiasmo del Athletic, algunas nuevas potencialidades y los signos de recuperación de un equipo que no parece en absoluto deprimido, pero estaba insatisfecho, se podría decir que enfadado. Seguramente era porque faltó el resultado, más por lo que tenía de recompensa y estímulo que ya se viene necesitando, que por la Copa en sí, ahora mismo secundaria. El partido fue agridulce. Los optimistas pensarán que tuvimos más tiempo el balón, y estarán en un error, que tuvimos más ocasiones, y también estarán equivocados. Jugamos mejor que otras veces, pero lo hicimos contra una de las más modestas versiones del Madrid de los últimos años (con tan poquitas cosas como el orden general, la voluntad de Sergio Ramos y algunos destellos de Guti y Robinho). Si comparamos con algunos penosos partidos de Liga de esta misma temporada, jugados contra equipos del montón, estuvimos mejor. Si lo hacemos con el Athletic al que no ganaba el Madrid en San Mamés desde 1998, aunque viniera con equipos que luego consiguieron la Liga de Campeones, incomparablemente mejores que esa voluntariosa gavilla de interinos (López Caro, Diego López, Mejía, Bravo, Soldado, Gravesen,...), estuvimos peor. Habría venido bien una victoria, sí, para tomar impulso.

El Athletic salió con cinco jugadores de mentalidad atacante y, en cambio, cedió el balón y jugó a la contra. Ganó muchos corners y faltas a favor, pero no estaban Yeste para lanzar ni Urzaiz para rematar. Pudimos empatar o ganar, también habría sido justo, pero perdimos. Se crearon ocasiones de gol, pero no se metió ninguna. Jugamos otra vez al tremendismo emotivo, al intercambio de golpes, y eso le gusta a mucha gente y seguramente es bueno para el espectáculo. Podrían hacerse algunas preguntas, pero seguramente es mejor resaltar las cosas buenas, que fueron unas cuantas, como saber claramente a qué se juega, la confianza en las propias posibilidades, el excelente tono físico general, la recuperación de Guerrero, las maneras de Aduriz o la firmeza de Lacruz. La plantilla parece ahora más ancha, con nuevas opciones. La impresión es más dulce que agria tan sólo unas horas después de la contagiosa tensión del partido. Ahora bien, hayamos terminado o no en la Copa, ahora toca volver a la tarea principal, que es llegar cuanto antes a la zona tranquila de la clasificación. Si el fútbol fuera transitivo, jugando así el Athletic debería ganar muchos partidos. ¿Se habrán sentido impresionados el Dépor y los demás equipos que están a la vuelta de la esquina, les habremos hecho sentir, especialmente a los que tienen que pasar por San Mamés, que, aunque perdamos con el Madrid -lo que le puede pasar a cualquiera - deberían andarse con cuidado?



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