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Jueves, 5 de enero de 2006
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LA RIOJA
CINE
judías de bote y sensibilidad
Ang Lee, director. / REUTER
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«La hemos jodido: yo no soy marica». «Yo tampoco», dicen dos rudos vaqueros del oeste tras un apasionado encuentro sexual 'posición Camel' en una tienda de campaña donde deben pasar la noche por el imperativo del frío.

Los protagonistas de 'En Terreno Vedado' tienen todo en contra. Son Jack Twist y Ennis del Mar, un cowboy de rodeo y un tímido y silencioso capataz, de los que escupen en el suelo y duermen con un ojo abierto y otro cerrado, y vivirán juntos una gran historia de amor épica y real -nada morbosa- en 130 minutos que amenaza a nuestras retinas con la perpetuidad. Un amor imposible y, al mismo tiempo -o quizá por ello-, implacable. De esos ante los que, la pérdida -o su mero pensamiento-, provoca la arcada.

Una pasión inadvertida; calentada al baño maría de un perol de soledades a punto de reventar; una cosa rara, agreste y asquerosa como castrar a un ternero o merendar judías en bote, hermosa y delicada como el eco de la armónica sobre las montañas de Brokeback.

Con la cinta estrenada ayer en el Bretón, cuyo espectacular palmarés de Globos y Leones de Oro preludia los Oscar, Ang Lee, el taiwanés cruel de 'Sentido y sensibilidad' o 'La tormenta de hielo', nos sumerge en la hipócrita sociedad del oeste norteamericano profundo de los 60, sin caer en maniqueísmos: con unos personajes a menudo también injustos y violentos. En mitad de impresionantes paisajes, la película convence de lejos y de cerca; con Jack y Ennis amándose o golpeándose, como dos cachorros que no distinguen caricia y zarpazo. Pertrechando los objetos del amado en el altar inútil y sagrado del recuerdo. Dejándonos -como en los grandes clásicos- con la impresión de que el amor es el mineral más duro, la cosa más fuerte que hay sobre la Tierra, aunque a algunos aún les parezca más feo que pegar a un padre.



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