En estas fechas, el horno de la pastelería bilbaína La Suiza no da abasto. Es tiempo de roscones, una de las especialidades que ha hecho famoso a este comercio centenario. María Jesús Calvo se ocupa de la tienda desde hace diecisiete años y sabe que estos días «son una locura». Hasta principios de febrero, sus roscas serán las protagonistas.
-¿Qué tiene el roscón que a casi todos seduce?
-Lo primero, que es una tradición. Luego, si está bueno, ¿qué decirte!
-Pues a comerlo todos los días...
-¿Nooo! Si lo hiciéramos, perdería todo el encanto.
-¿Y si le encargan uno en verano?
-Nada. Cada cosa tiene su tiempo. Si aceptáramos, romperíamos nuestra cadena de producción. ¿Y tendríamos que hacer una tirada!
-Una buena rosca ha de tener...
-Huevos, harina, leche, mantequilla, ralladura de limón, azúcar, sal, mejorante de bollo y agua de azahar.
-¿De flores?
-¿Uy! Es importantísimo porque es la encargada de darle ese sabor tan peculiar...
-¿Y no hay truco?
-Hacerlo con muchísimo cariño, de forma artesanal y respetando el tiempo de estufado.
-¿Qué es eso?
-Es el tiempo necesario para que la masa suba y se macere antes de meterla en el horno.
-Entonces, tardarán mucho.
-En una hora hacemos una tanda.
-¿Pobre horno!
-Ja, ja, ja... ¿Echa chispas!
-¿Y a cuántos calienta?
-Sólo te digo que gastamos una tonelada de harina en estos dulces.
-Y eso que cada vez comemos menos ¿no?
-¿Qué va! Hay mucha gente que está esperando al roscón. Tienen auténtica pasión. Se les ve cuando entran.
-Ni que lo llevaran escrito...
-Tengo un cliente que vino un día y se llevó diez roscas de kilo. Volvió a los dos días e hizo lo mismo. Y pensé: «¿Pero cuántos serán en esa casa?».
-¿Qué intriga!
-Pues lo mejor es que no se los comía... ¿Los congelaba! Y en mayo desayunaba su trozo de roscón.
-En este postre, ¿es mejor pasarse con el azúcar?
-No. La pastelería bien elaborada no debe pecar de dulce. Si no, mataríamos el resto de sabores .
-¿Y para los que están a dieta?
-Nosotros no tenemos nada. Pero hay otros negocios que sí. Lo que no sé es si saben igual.
-¿Vamos! Que un pastel 'light', es como un cerdo sin grasa ¿no?
-Ja, ja, ja... Hombre, yo creo que por comerse un dulce normal de vez en cuando tampoco pasa nada.
«El de toda la vida»
-¿Hasta cuándo podemos comer sus roscas?
-A primeros de febrero todavía las hacemos, aunque con más tranquilidad que ahora, claro.
-Hoy tiene que ser horroroso.
-Mucho más que mañana. A la gente no le apetece madrugar.
-¿Y los encargos?
-Tenemos unos 300, tanto de clientes que vienen a recogerlo como de aquellos a los que se lo llevamos nosotros. El lunes por la tarde ya no nos hacíamos cargo de más.
-Algún paladar famoso
-¿Para el roscón? Si lo hay, ni me da tiempo a verlo. Del resto de pasteles, Marisa Paredes, Emilio Aragón, Amaia de Mocedades...
-Dicen que el tradicional es de nata.
-¿Es un auténtico manjar! Aunque también está muy bien con crema.
-Las modas, ¿influyen?
-Para nada. El que es muy de roscón quiere el de toda la vida: el que está sin rellenar.
-El momento ideal para degustarlo es...
-¿A cualquier hora! Aunque a la mañana sabe mejor.
-En cuanto a las sorpresas... ¿Han tenido alguna 'por encargo'?
-Pues sí, hubo un caso curioso. Vino un hombre y nos pidió que metiéramos una sortija dentro de la masa. ¿Y no era una sortija cualquiera! Tuvimos que custodiar el roscón para no dárselo a otro.
-¿No han venido nunca con un diente roto?
-Todavía no.