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Viernes, 6 de enero de 2006
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AVITUALLAMIENTO. Los miembros de su equipo dan a Meca un plátano en plena travesía. / EFE
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Si imagen en San Antonio de Portmany era el reflejo de lo que supone para una persona nadar 110 kilómetros en mar abierto y pleno invierno. Roto por el esfuerzo, con el hombro izquierdo congelado y sin poder moverlo, nadando con un sólo brazo, y la cara hinchada y amoratada por las numerosas picaduras de medusa, David Meca era ayudado a salir del agua rumbo al hospital tras haber culminado su 'locura' o proeza. El nadador de Sabadell, campeón del mundo de 25 kilómetros en aguas abiertas, escribió una página histórica en la natación al convertirse en la primera persona que une la Península con Baleares, en una travesía para la que empleó 22 horas y media, 14 menos de las previstas por su equipo.
 
 
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