Hay un determinado sector del cine francés que parece empeñado en emular el cine de acción americano. Parece como si sus realizadores se empeñasen en hacer méritos para dar el salto a Hollywood y acceder a los grandes presupuestos que les permitan tratar de igual a realizadores como Tony Scott. Dentro de esta tendencia ha de enmarcarse este sonoro exceso de Chris Nahon, que ya demostró sus preferencias con 'El beso del dragón' (2001), en la que dirigió a Jet Li, entonces bajo los auspicios del más americano de los realizadores franceses, Luc Besson.
La película tiene un arranque interesante y plantea con acierto visual y argumental los pilares de una intriga que maneja dos historias paralelas -una aparentemente psicológica y otra policial-, destinadas a encontrarse en un mar de incertidumbres y acertijos. Pero va perdiendo fuelle según transcurren los minutos, y son tantos los empleados -más de dos horas-, que llega sin resuello a un desenlace más volcado en el espectáculo pirotécnico que en dar respuesta a las incógnitas que ha ido dejando por el camino.
En poco o en nada ayuda el apoyo sonoro elegido por el director. Su estruendosa banda sonora y los exagerados golpes de efecto en algunas secuencias rompen la necesaria concentración del espectador con el hilo de un argumento que propende a las conjeturas y termina en galimatías. El guión tampoco se preocupa en exceso de los personajes, aunque siempre está el eficaz Jean Reno para rentabilizar el suyo en lo posible.