Si imagen en San Antonio de Portmany era el reflejo de lo que supone para una persona nadar 110 kilómetros en mar abierto y pleno invierno. Roto por el esfuerzo, con el hombro izquierdo congelado y sin poder moverlo, nadando con un sólo brazo, y la cara hinchada y amoratada por las numerosas picaduras de medusa, David Meca era ayudado a salir del agua rumbo al hospital tras haber culminado su 'locura' o proeza. El nadador de Sabadell, campeón del mundo de 25 kilómetros en aguas abiertas, escribió una página histórica en la natación al convertirse en la primera persona que une la Península con Baleares, en una travesía para la que empleó 22 horas y media, 14 menos de las previstas por su equipo.
El coraje de David Meca por cumplir una hazaña que llevaba dos años preparando con mimo le llevó a superar todas las dificultades que se encontró por el camino, e incluso a ampliar en diez kilómetros su recorrido. Y es que en un principio, el nadador catalán tenía previsto cumplir su reto con la llegada al islote de Ses Bledes, que alcanzó a las 7.57 de la mañana, tras 22 horas de brazadas desde que partió el día anterior de Jávea.
Ocho kilos menos
Pero en un alarde de valor y voluntad, Meca decidió seguir nadando, pese a su estado físico, hasta el puerto de San Antonio de Portmany. Podría haberlo hecho en barco, su objetivo ya estaba más que cumplido, pero el nadador quería más. Sufriendo a cada brazada, con un hombro inutilizado por el frío, Meca tardó más de dos horas en llegar al puerto ibicenco, donde tuvo que ser ayudado por las asistencias a salir del agua.
Después, viendo su lamentable estado, fue trasladado al hospital, donde ingresó con una temperatura facial de 32 grados centígrados, síntomas de hipotermia en un brazo izquierdo, y ocho kilos menos que cuando partió desde la costa alicantina, pero sin perder la consciencia en ningún momento y con la satisfacción de haber sido la primera persona en lograr un reto que parecía inaccesible. «Aunque ha estado casi 26 horas en el agua, ha llegado en unas condiciones increiblemente buenas», afirmaron desde el hospital de Ibiza.
Al borde del abandono
Como era de esperar en un reto de tal calibre, Meca sufrió lo indecible hasta llegar a la costa balear. Incluso estuvo a punto de abandonar, ya que a las cuatro de la madrugada, se acercó al barco de su equipo y aseguró que no podía más. Los ánimos que recibió le hicieron recapacitar, seguir adelante, y pese a los vómitos, las picaduras de medusa y el agotamiento, arribar a Ibiza en medio de una gran expectación.
Vestido con un traje especial de neopreno, Meca cubrió la distancia a una media de tres millas por hora, superando catorce horas de oscuridad y momentos complicados. Pero a pesar de todos los problemas, el catalán ya tiene otra hazaña en su palmarés, que une a la travesía del estrecho de Gibraltar o entre Tenerife y Gran Canaria.