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Viernes, 6 de enero de 2006
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ECONOMÍA
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A ritmo de megáfono y silbato
Los piquetes recorrieron ayer Bilbao motivando, en algunos casos, la indignación de los comerciantes dispuestos a abrir sus establecimientos
UN PIQUETE introduce varias pegatinas de la huelga en uno de los comercios de Bilbao. / BORJA AGUDO
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Las calles de Bilbao estaban ayer por la mañana repletas de gente y gran parte de las tiendas con la persiana medio cerrada. Muchos comerciantes dudaban entre abrir o no sus negocios. La huelga convocada por los trabajadores del sector se dejó sentir y el «temor» hacia los piquetes motivó que la mayoría de los empresarios se decantara por la opción de cerrar sus puertas, aunque muchos lo hiciesen tan sólo durante quince minutos.

El Casco Viejo de Bilbao presentaba a las diez de la mañana un aspecto inusual. Pocos eran los escaparates iluminados y, de vez en cuando, los dueños de algunos locales abiertos se asomaban a la puerta para ver qué les depararía el día. La incertidumbre se convirtió en una de las claves de las primeras horas. Una duda que megáfonos y silbatos pronto disiparon. Varias decenas de piquetes recorrieron la calles de la capital vizcaína pidiendo el cierre de todos los establecimientos. Bajo el lema «únete por un convenio justo», las persianas iban bajando entre los aplausos de unos y los rostros de resignación de otros.

Para algunos propietarios, sin embargo, la huelga empezó antes. La encargada de una zapatería de la calle Correo se topó a las 9.45 horas con una sorpresa «desagradable». «Llego para abrir la tienda y me encuentro con el candado lleno de 'loctite'. No me puedo creer que lleguen hasta estos extremos», criticó. «Los pequeños comercios estamos vendiendo menos que nunca y tenemos que luchar contra las grandes superficies. ¿Y encima quieren que cerremos en la víspera de Reyes!», añadió. Sin dudar un momento y tras abonar los costes del cerrajero -que superaron los 200 euros- la responsable del establecimiento se dispuso a abrir el negocio con una hora y media de retraso.

«No son formas»

Frente a los propietarios que accedieron a cerrar sus comercios, se situaron aquellos que no sucumbieron a la presión de los piquetes. Manoli Bengoetxea, dueña de una tienda de ropa de la calle Lotería, estaba dispuesta a apoyar el paro. No obstante, «las formas» le hicieron cambiar de opinión. «Mis empleadas cuentan con mejores condiciones laborales que las que vosotros pedís. Trabajan conmigo desde hace nueve años y son fijas», apostilló al piquete esta natural de Ondarroa de 61 años. «Vamos a contar mentiras, tralará», fue la respuesta que recibió por parte del grupo que se agolpaba a las puertas del local. En ese momento, Bengoetxea se enfadó: «¿Ahora no cierro!». Sin embargo, más tarde, indicaba a este diario que apoyaba a la protesta «porque sé que hay comercios que ganan bien y no dan los sueldos que deberían. Pero, ese no es mi caso», precisó.

Eduardo Hernández, propietario de otro establecimiento textil se mostró asimismo infranqueable. «Si decido cerrar hoy, quizás no pueda volver a abrir. Mira, mis empleadas no me han dicho nada sobre que quieran hacer huelga y, si la hubieran hecho, te puedo asegurar que yo estaría abriendo de todas formas con mi mujer y mi socio. No es que sea un día cualquiera, sino que es un día fundamental para nosotros», argumentó.



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