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Viernes, 6 de enero de 2006
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MIRANDA DE EBRO
Miranda
La magia invadió Miranda
Miles de mirandeses siguieron con entusiasmo el desarrollo de la Cabalgata por la calle La Estación y el Casco Viejo
MELCHOR. Los Reyes Magos en el momento en que desembarcaban ayer del mítico tren Orient Espress en la estación mirandesa. / FOTOS: AVELINO GÓMEZ
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La Cabalgata de Reyes demostró un año más que en Miranda la edad no supone ningún límite para disfrutar con ilusión. Miles de mirandeses se agolparon ayer al paso de la comitiva de Melchor, Gaspar y Baltasar por la calle de La Estación. De nuevo los protagonistas fueron los niños, pero a los más mayores, padres y abuelos, se les notaba que les acompañaban por gusto. Y es que disfrutaron de la misma manera que la chavalería.

Un desfile que contó con la participación de cerca de 400 personas. La mayoría eran escolares y los que pusieron la nota de color y alegría con sus vestidos de diferentes motivos navideños. Daba gusto verles. Verdes arbolitos, estrellas, campanas, magos, pastores y curiosas postales y décimos de lotería para el sorteo de hoy (02.006), salpicados entre las carrozas reales junto con los ataviados con trajes regionales. Y un año más, una docena de zancudos se encargó de ir provocando al personal que miraba asombrado desde la acera.

Este año, la Cabalgata colmó de nuevo las expectativas. Había comentarios para todos los gustos, aunque primaban los positivos. Melchor la encabezaba desde una carroza con un enorme duende, cajas de los regalos y las sacas de Correos, colocadas a propósito para que los rezagados depositasen sus cartas. Por su parte, Gaspar desfilaba encamarado en un alto sillón junto con un cebra mientras que a Baltasar le hacía compañía un gran Piolín.

«Que vienen, que vienen» era el eco que resonaba a las seis de la tarde en la plaza de la estación, la hora de su llegada. Procedía de los centenares de niños impacientes y nerviosos que querían ver en vivo y en directo a sus Majestades. Sus ojos tenían un brillo especial y eran mucho más grandes de lo habitual.

Era el caso de David Pérez que con cinco años destacaba la «muchísima ilusión» que le hacía el haber podido ver de cerca a su rey preferido: Melchor. «Le he pedido lo que Sus Majesades quieran», contaba aún emocionado para después reconocer que, de paso, también «un coche». Prometía que se iría pronto a la cama, pero avanzaba que «antes voy a ir al cine con mis padres».

Melchor era también el que más le gustaba a Leire Ángulo. «Por la barba», justificaba. Con seis años recitaba de corrido la carta que había envíado a los Reyes Magos con unas peticiones que resumía en un «lo que queráis».

Junto a ella, Inés Gabanés era más explícita. Tenía seis años, pero quería más regalos: «el cochecito de Los Mechizos, el casco de la Barbie y el baúl de disfraces». Era partidaria de Baltasar, «por su carroza», espetó.

Más larga era la carta que había enviado Daniel Rodríguez, que con ocho años se dedicaba afanoso a recoger gominolas con la intención de llenar una bolsa, para «mis padres y mi familia». Esperaba recibir hoy «la play2, con muchos juegos, mando, volante y pedales», detallaba.



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