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Viernes, 6 de enero de 2006
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Una multitud arropa a la familia de los dos niños atropellados y exige más seguridad
Dos mil personas recorrieron Basurto para pedir a las instituciones que regulen con semáforos la zona donde murieron los pequeños Los padres y la hermana de las víctimas participaron en la protesta
DOLOR. Un conductor se cruza con la cabeza de la manifestación, donde una pancarta pedía que se eviten más atropellos. / FOTOS: IGNACIO PÉREZ
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Rotos por el dolor, los padres de Aitor y Oihane se sumaron ayer a la manifestación que recorrió la avenida Montevideo para reclamar medidas de seguridad en el paso de cebra donde murieron atropellados sus dos pequeños, de 4 y 7 años. La pareja caminó abrazada a sus familiares, que les ayudaron a sostenerse en pie en algunos momentos, y depositó varios ramos de flores en el lugar donde sus hijos fueron arrollados por un vehículo. El acto de protesta vecinal de anoche sacó a la calle la indignación de los vecinos por la «incompetencia de las instituciones» para solucionar un problema «denunciado desde hace años». Pero, ante todo, mostró la imagen más dura de una tragedia que «se podía haber evitado», reiteraron los participantes.

Los vecinos se concentraron a las ocho de la noche en la plaza Aita Donostia de Basurto. Dos mil personas comenzaron a caminar tras una pancarta en la que se leía 'Con la familia. No más atropellos'. La marcha bajó por la calle Autonomía en silencio, en medio de una lluvia interminente. El comentario de los participantes era unánime: «Es terrible. Llevamos años pidiendo un semáforo. ¿Hace falta que mueran dos niños para que las instituciones hagan algo?», se lamentaba Asun Miguel, una de las participantes.

La cabeza de la manifestación apenas había recorrido cincuenta metros cuando los padres, su hija de 9 años y varios familiares más, que portaban ramos de flores, esperaron su paso en una acera. Se colocaron delante de la pancarta y la marcha enfiló la avenida Montevideo. Las personas que estaban en las tiendas y los bares de esa vía salieron a las aceras para contemplar la triste comitiva.

Muy despacio, en profundo silencio, la manifestación llegó al paso de cebra en el que ocurrió el brutal atropello. Los padres depositaron varios ramos de flores en el lugar donde murió su pequeña Oihane, acompañados por su otra hija. Después caminaron hasta el punto donde Aitor fue recogido apenas con un hilo de vida y colocaron también rosas y margaritas. La madre besó sus manos y tocó con ellas las flores y el suelo. La pareja y sus familiares se fundieron en un abrazo sin poder contener el llanto.

Los participantes habían rodeado a los padres de los pequeños y contemplaron desolados la escena. En ese momento se rompió la marcha. La mitad de la manifestación continuó hasta el hospital de Basurto y el resto de vecinos se quedó allí, en el paso de cebra, junto a los ramos de flores. «Es horroroso. Destrozar así una familia. ¿Por qué no nos han escuchado la Diputación y el Ayuntamiento? Era su responsabilidad», decía otra de las manifestantes, Concepción Gavián. «Es vergonzoso que en el Bilbao de las obras faraónicas tengamos que salir a la calle por un semáforo», criticaba Sotero Alarcia.

«Lavado de manos»

La marcha dio la vuelta en el hospital de Basurto y volvió a atravesar el lugar del atropello. Los participantes en la protesta que esperaban allí rompieron en un aplauso al paso de la familia. La madre aún tuvo fuerzas para agacharse a contemplar los dibujos y tarjetas que habían dejado junto a las flores los compañeros de colegio de sus hijos.

Al finalizar la protesta, los responsables de la asociación de vecinos leyeron un manifiesto en el que destacaban su deseo de acompañar en el «dolor» a la familia de las víctimas y trasladarle «la solidaridad» de los habitantes del barrio. Exigían, además, la «inmediata regulación con semáforos del paso de peatones donde ocurrió el fatal accidente».

Los vecinos reiteraban en su escrito que la solicitud de instalar los semáforos fue «aprobada por el Consejo de Distrito y el propio Ayuntamiento de Bilbao hace cinco años». La agrupación vecinal recordaba que su labor es «denunciar» aquellos problemas que, como en esta ocasión, «no se arreglaron por la incompetencia de sus responsables».

Los portavoces de los vecinos de Basurto rechazaron la actitud de los responsables municipales y forales tras el accidente, una postura que tacharon de «lavado de manos incalificable por parte de quienes tenían la obligación de haber resuelto el problema hace cinco años». Censuraron que no hayan «aceptado con valor y sentido democrático que no han estado a la altura que les exigen sus cargos y sus salarios».



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