ETA recuperó ayer su campaña contra intereses turísticos y estrenó su lista de atentados en 2006. Dos semanas después de que una furgoneta-bomba redujera a escombros la discoteca Bordatxo, en la localidad navarra de Santesteban, la organización terrorista colocó dos bombas junto al parador nacional de Sos del Rey Católico, en la provincia de Zaragoza aunque a escasos kilómetros del límite con Navarra.
Las explosiones, que sólo provocaron daños materiales, se registraron en un intervalo de cinco minutos a partir de las ocho de la mañana a apenas 500 metros de distancia. La primera bomba, con una carga de 300 gramos de explosivo, afectó a una antena de telefonía móvil, que quedó inutilizada.
La segunda, dejada junto a una puerta lateral del alojamiento y con entre 4 y 6 kilos de explosivo, causó daños «de cierta consideración» en el exterior del inmueble, según reconoció el delegado del Gobierno en Aragón, Javier Fernández. Sin llegar a perjudicar la estructura interna del edificio, construido en 1975, provocó la rotura de numerosos ventanales y mobiliario y quebró varios falsos techos.
Situado junto a una puerta de madera entre dos edificios, la onda expansiva del artefacto alcanzó incluso a un mirador situado en la tercera planta, gracias al 'efecto chimenea' de los muros exteriores de piedra y la escalera interior que recorre el inmueble.
Para ese momento, tres patrullas de la Guardia Civil mantenían acordonada toda la zona. Un comunicante anónimo había advertido media hora antes a la sede de la DYA en San Sebastián sobre la colocación de un explosivo en el parador, que debía activarse entre las ocho y ocho y media de la mañana. El aviso no incluyó, sin embargo, ninguna referencia sobre la bomba que inutilizó el repetidor de telefonía.
Los terroristas, que según el delegado del Gobierno en Aragón podrían haber dejado los artefactos pocas horas antes de su deflagración, escogieron un objetivo poco transitado en estas fechas. El parador de Sos del Rey Católico, enclavado en un imponente edificio de estilo aragonés, permanece cerrado desde el pasado lunes por vacaciones de los 41 empleados del establecimiento. La dirección de la Red Nacional de Paradores, que eludió valorar la cuantía de las pérdidas, confiaba ayer en reabrir las instalaciones el 12 de febrero, como estaba previsto.
Los activistas no se habrían encontrado con grandes problemas para apearse de sus vehículos y dejar los artefactos, activados mediante un temporizador. A esas horas, además, buena parte de los habitantes de la localidad zaragozana estaban aún durmiendo.
Cerca de Sangüesa
Un equipo de expertos en explosivos inspeccionó durante buena parte de la jornada de ayer las instalaciones afectadas en busca de alguna pista que permita averiguar el material concreto utilizado en las bombas y la identidad de los terroristas. Sin llegar a cerrar ninguna línea de investigación, Javier Fernández reconoció que el atentado podría ser obra de un comando desplazado desde el País Vasco o Navarra, dadas «las magníficas comunicaciones» que existen en la zona. Sos del Rey Católico se encuentra, además, a apenas 12 kilómetros del municipio navarro de Sangüesa donde la pasada Nochevieja varios desconocidos lanzaron dos 'cócteles molotov' contra el cuartel de la Guardia Civil.
El delegado del Gobierno descartó, en este sentido, la existencia de un grupo de activistas asentado en Aragón, a pesar de que el de ayer es el cuarto atentado cometido en esa comunidad autónoma en los últimos ocho meses. Dos de ellos obligaron a cortar el tráfico de aviones en el aeropuerto de Zaragoza en junio y en octubre -en plenas fiestas del Pilar- tras la colocación de varios lanzagranadas.
El tercero tuvo como escenario la localidad de Añón del Moncayo a finales de septiembre. Entonces, atacó una subestación eléctrica en desuso el mismo día que el presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero viajaba a Aragón para mantener un encuentro con la cúpula militar. Las bombas de ayer se producen, además, la víspera de que hoy se celebre la Pascua Militar.
Según fuentes de la lucha antiterrorista, con acciones como la de ayer -la segunda en toda su historia contra un parador nacional- ETA persigue demostrar su operatividad. En los últimos meses ha intensificado la periodicidad de sus ataques, todos ellos sin ningún tipo de víctima excepto daños materiales contra empresas u oficinas de Correos.