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Desalojan a ocho familias en Bilbao al hundirse la fachada de su casa mientras dormían
El Ayuntamiento de Bilbao requirió en noviembre al dueño del inmueble que hiciera obras para apuntalar el edificio
Una de las viviendas quedó al descubierto. / Mitxel Atrio y EFE
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Pese a todo, la suerte estuvo de su lado. El drama que supone perder un techo, tu hogar, pasó a un segundo plano. Pudo ser mucho peor. Eran las seis menos diez de la mañana cuando los «crujidos» escuchados durante toda la noche en la fachada sur del número 19 de la calle Sagarminaga, en el bilbaíno barrio de Bolueta, se materializaron en el desplome de la pared. Ocho familias dormían en su interior. En total, 17 personas. Los otros dos vecinos que completan la comunidad, confirmaron los propios afectados, no se encontraban en el edificio.

El inmueble, según detallaron fuentes del Ayuntamiento, fue construido hace 150 años. Todos los inquilinos vivían en régimen de alquiler. Las rentas no son muy altas. No obstante, el estado del edificio es «deplorable», denunciaron. «Tenía que pasar tarde o temprano», lamentaron los vecinos. De hecho, Julia Madrazo, concejal de Urbanismo y teniente alcalde, aseguró ayer desde la zona del siniestro que sobre el inmueble existía un requerimiento municipal, realizado de oficio, para que el propietario ejecutara en el plazo «máximo de una semana» todas las medidas técnicas que garantizaran la «seguridad» y «estabilidad» del inmueble. El decreto se firmó el 7 de noviembre del pasado año.

A mediados de octubre, un grupo de técnicos de Urbanismo y Medio Ambiente visitó el edificio, de dos alturas y cuatro pisos cada una. La planta baja, por su parte, está deshabitada. Las conclusiones del informe advertían de un «fuerte abombamiento de la fachada» derrumbada ayer y la existencia de fugas de agua bajo el aseo de una de las casas del primer piso. Además, alertaba de la presencia de grietas en los muros interiores.

Dos eran las obras que debían ejecutarse. El apuntalamiento de la parte de abajo y la de arriba. La primera ya se llevó a cabo. «Gracias a esto no hemos tenido una desgracia mayor», señaló Madrazo. La parte superior fue la que se vino abajo.

La pared desplomada pertenece a la habitación en la que dormía Jon Ingunza. Él fue quien dio la voz de alarma. En la casa también viven su hermano y su padre. «Desde que me acosté, estuve con la mosca detrás de la oreja. Se oían unos ruidos muy raros», explicaba ayer Juan Luis, el padre. «Al escuchar el estruendo, notamos un fuerte olor a gas, por lo que avisamos a los vecinos para que no encendieran ningún aparato. En cuestión de segundos, todos bajamos a la calle con lo puesto», relató.

Solución en una semana

Horas después, con el susto todavía en el cuerpo, se felicitaban porque «un poco más y no lo contamos». Ahora llega el momento del qué pasará, de la incertidumbre. De momento, ayer fueron alojados en un céntrico hotel de la capital vizcaína. Uno por uno subieron a sus casas para coger algo de ropa. El lunes volverán para llevarse algunos enseres. «¿Y luego, dónde vamos a ir?», plantean angustiados.

Julia Madrazo avanzó que el Ayuntamiento evaluará en el plazo máximo de una semana la posibilidad de apuntalar el edifico o declararlo ruina económica. En este segundo supuesto, la maquinaria municipal analizará la situación del solar y las posibles opciones. «Lo más importante es el realojo de estas familias», recalcó.

Entre los vecinos afectados, los hay también de muy corta edad. Sin embargo, la principal preocupación de los hijos de Lilian Chaves y Plinio Goyes era bien distinta a la de los mayores. «¿Sabrán los Reyes Magos que esta noche -por ayer- no vamos a estar en casa?», preguntaban. Sus padres les tranquilizaron: «No os preocupéis, los Reyes lo saben todo».



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