DE CUANDO EN CUANDO OLMO Al final del pasado año estuve en Leioa para saludar y desear feliz año nuevo a mis viejos amigos leiotarras, y allí me encontré también con aquel amigo cartero que me dio la solución a un problema que a mí, como dibujante de historietas, siempre me pareció un enigma. ¿Por qué en las historietas de los tebeos -yo lo he utilizado a menudo en las desventuras de Don Celes- existe ese antagonismo entre el cartero y el perro?
Mi amigo el cartero de Leioa me ofreció la solución al enigma. Una respuesta contrastada y comprobada. El hombre observó que en su recorrido de reparto (era la época en que los carteros trabajaban con la cartera al hombro) había un perro que, atado en la puerta de su casa, le ladraba tirando de la correa con evidentes deseos de ataque y mordisco.
A mi amigo se le ocurrió pensar que quizá fuese la cartera lo que le ponía tan furioso y un buen día hizo la prueba de dejar la cartera en una tienda cercana y pasar delante del perro a cuerpo limpio con las cartas en la mano y sin cartera. Santo remedio. El perro le recibió tranquilamente y este truco le demostró que era el olor de la cartera lo que al perro le ponía furioso. De aquí dedujo mi amigo, con cierta lógica, que el perro olfateaba en la cartera la piel de algún congénere suyo y estaba dispuesto a tomar venganza de su colega sacrificado.
El problema se ha resuelto con la sustitución de la cartera por carritos de plástico y de esta forma ha desaparecido la eterna guerra que existía entre los carteros de a pie y los perros. Ahora, según me cuenta mi amigo, la guerra se ha trasladado a los carteros motorizados.
El oído del perro es sin duda sensible al petardeo de los motores y, efectivamente, yo mismo he visto a un perro perseguir furioso en una calle a la motocicleta del cartero. Y no le perseguía por ser cartero sino por el ruido del motor. Digo esto porque también he visto en dos ocasiones a un perro y un perrito enfrentarse con furiosos ladridos a las máquinas de barrer las calles.
Y si en el caso de los carteros de a pie yo estaba de parte del cartero, en el otro caso yo estoy, decididamente, de parte del perro. Si yo no hago lo mismo que el can es por respeto a mí mismo y no por falta de ganas.