El Correo Digital
Domingo, 8 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CULTURA
CULTURA
Secretos del Gorbea
El cantautor Gontzal Mendibil se pasa a la prosa para relatar en su primera novela las vivencias de quienes habitan las estribaciones del parque natural
CUNA DE RELIGIOSOS. Mendibil posa con la iglesia Andra Mari de Zeanuri al fondo. / FERNANDO GÓMEZ
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar
LA CANCIÓN
Gontzal Mendibil acompaña su prosa con una canción, 'Gorbeiako haizea'. La letra es de un poema de Bitoriano Gandiaga:

Udagoena eldu da erkien orrietara.

Sasi gorrinduen ganean, kantari bakar ta zoro,

txindorra.

Eguzki laburrak ez dauka berorik

ez dago orlegi ez ori lantzarra.

Eskortak igaroz,

beiak moztu daben zelai-gueneko

pagadi zaarrean, ezkur-azal baltzak t'orbelak lurrean.

Lorerik,

iru-lau moretxu banatu besterik,

ez da gelditu landetan.

Ardi ta zaldiak

maldan beera dakarz, uleak arrotuz,

arratsaldeko otzak

an-emen labanka.

Txaboletaraiño jatsi da Gorbeiako haizea.

Ba-nator.

Zugaitzen gerriak, leen baño apur bat

jausi ta zaarrago

iruditen jataz.
«El viento es importante. Cuando alguien muere, se desvanece y queda el alma. Lo mismo ocurre con el viento, no lo puedes tocar, pero lo sientes remover las hojas, las nubes, traer la lluvia y llevarse al sol. Dicen los caseros de aquí que tiene más influencia en las plantas que la propia luna». A Gontzal Mendibil le contaron también que son siete las formas que adopta cuando sopla en el Gorbea. Está el aire tibio de los suaves días de junio ('haizepela'); el rojo del bochorno, ése que quema ('haizegorrie'); el frío como el filo de una navaja ('haizelabana'); la corriente húmeda que causa tanto resfriado ('haizeumela'); la que llega con las tormentas invernales ('ekaitz'); el viento que viene del Norte ('ipar haizea'); y el que se cuela desde el Sur ('hego haizea'). Sucesivos vientos de la suerte.

De otras bocas había oído relatar que Zeanuri, su pueblo natal, a las faldas del Gorbea, fue en un tiempo el lugar de Europa donde, en proporción, más religiosos llegó a haber -hasta el 12% de la población-. De la aparición de lamias en la zona encontró varios testimonios y documentación en numerosos escritos... Y puesto que la amalgama de datos amenazaba con desbordar su memoria, a este cantautor que celebra treinta años en la música -en 1975 grabó su primer LP, 'Zaurietatik dario', y en 2005 sacó la antología '30 urte'- le asaltó la inspiración: «La existencia de los que vivimos bajo el Gorbea. Eso quiero contar».

Lugar de gran tradición pastoril y rural, la cima a medio camino entre Vizcaya y Álava, uno de los cinco montes bocineros desde los que antaño se convocaba a los vecinos a las Juntas Generales, parece haber condicionado desde siempre la vida de los lugareños que habitan en sus estribaciones. Así ha sido para Gontzal Mendibil. Con la misma poesía de las letras de sus canciones, ahora emplea la prosa para escribir, en su primera novela, que «la vida, en realidad, es parecida al Gorbea, con altibajos, a veces cuesta arriba, a veces cuesta abajo, con parajes agrestes y llanos, que ocultan aristas, precipicios, cuevas y barrancos, y que de vez en cuando se nos muestran».

La ha titulado 'Gorbeiako haizea' (El viento del Gorbea), la ha publicado en la editora Keinu Produkzioak, la ha acabado tal y como la empezó -recordando la muerte de su padre, «que se fue una tarde de verano con la vista fija en la cima más alta de Vizcaya; la mejor imagen que pudo llevarse»-, y la ha escrito a veces entre risas y otras con los ojos vidriosos por el llanto: «Gorbea es consuelo de mis penas y aflicciones y fuente inagotable de curiosidad, que me proporciona alegría de vivir», reconoce el autor.

Años de procesiones

Desde niño, Gontzal Mendibil ha admirado el Valle de Arratia que le vio nacer, hace cinco décadas. «Una zona mágica. Robábamos cerezas, higos, jugábamos al 'txorromorro', a los 'iturris' y a las canicas y cantábamos al aire libre», evoca. «En el pueblo hay dos iglesias y 24 ermitas diseminadas por todo el valle», prosigue. «En las procesiones íbamos los chicos por un lado -la congregación de los 'san luises'- y las chicas -las 'hijas de María'- por otro. Parecíamos sacados de una película de Federico Fellini». Lo mismo se juntaban las cuadrillas de chavales en las inmediaciones del río Arratia, que baja del monte y se adentra en el Parque Natural de Gorbeialdea, que en el pórtico de la iglesia, en la plaza de su ancestral Zeanuri, el tercer municipio de mayor extensión en Vizcaya.

Antes de iniciar la travesía hacia el Gorbea, Mendibil detiene el 'jeep' en la escuela, en su casa natal, en la plaza Soloeta. «Allí enfrente estaba el bar Sagarna, donde hacían las mejores alubias con bacalao de Vizcaya». La niebla se ha ido enredando en las ramas de los pinos de Canadá, las hayas y los abedules, y copos de nieve blanquean el asfalto. No ha sido una de esas noches halagadas de estrellas. De mañana, el olor a leña se ha posado sobre el humor cálido de los lugareños. «Cálido y cerrado, como la orografía. Los vascos somos así, nos expresamos poco, nos besamos y abrazamos poco».

Ciertas historias no se han movido de lugar. Quedan algunos pastores de los de antes. Sin la EGB, pero casi todos portadores de un doctorado en suspicacia e implacables lecciones de humanidad. «Por aquí cerca vive la persona que más sabe de Platón y de Rousseau que jamás he conocido», espeta nuestro guía. En otro caserío nació el padre Bedita Larrakoetxea, el traductor de William Shakespeare y de los Hermanos Grimm a la lengua vasca. Quizá es el paisaje el que alimenta el pensamiento. «Aquí viene gente de profesión a pasear al atardecer. Notarios, abogados... '¿Por qué?, les pregunto. 'Aquí se respira algo elúrico', dicen».

Desde Zeanuri, donde se asientan los caseríos más antiguos de Vizcaya, construidos en mampostería y madera y sin chimenea, hemos llegado a los conjuntos rurales más pintorescos de la vertiente norte: Ipiñaburu, Urigoiti, Guezala, que encierran valores paisajísticos y culturales con viejos molinos, ferrerías, casas-torre... Hoy será imposible subir a los roquedos de Aldamin, Atxuri, Zamburu. Ni al Macizó de Itxina, a mil metros de altitud, donde la cueva de Supelegor y Ojo Atxular. Tampoco está accesible la cima con su cruz de hierro remachado de 18 metros ni la cueva de Mairuelegorreta; con sus quince kilómetros, la más larga del País Vasco.

Un plató al aire libre

Hay quien dice que en Euskadi hay dos 'nepales': uno es Aranzazu y otro, el Gorbea. Estamos en la ruta alternativa. El camino que conduce a 'Kaminoko Iturri', a la presa de Alkibar, que abastece a Bilbao y se llena con el agua que baja del pantano de Villarreal. Después aparece el pozo de las lamias o 'Laminapozu', donde habita un silencio cargado de misterio. «Un plató al aire libre», dice Gontzal Mendibil. Por algo es, además de sociólogo titulado, poeta euskaldun y director de su propia discográfica-editorial, Keinu, productora además del programa 'La botica de la abuela', que se graba en Igorre y lleva seis años en antena.

Otros motivos subyacen: «Yo nunca tuve un trozo de tierra, porque soy hijo de tenderos», confiesa. También lo ha contado en su libro, escrito en euskera vizcaíno, donde la sencillez expresiva se mezcla con citas a autores conocidos. «Soy un novato que ansía contar historias». Es mediodía y cada vez nieva más. El motor del 'jeep' canta la canción de regreso al hogar. Atrás queda el Parque Natural del Gorbea y sus secretos.



Vocento