El Correo Digital
Domingo, 8 de enero de 2006
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DEPORTES
TAU CERÁMICA
Engullido por sus errores
Un decepcionante TAU ofrece su peor cara ante el modesto Menorca Nunca tuvo oportunidad de llevarse el partido por su pobre baloncesto
GORRO. Kornel David busca el tapón ante el lanzamiento de Bud Eley. / ALFAQUI
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TAU MENORCA -
82 75
Frenazo a la ilusión. Toda la magia regalada ante el Barcelona y el Zalgiris se quedó en el Fernando Buesa Arena. El TAU Cerámica tropezó ayer en la cancha de uno de los más humildes, del debutante en la ACB Menorca, con todo merecimiento. Engullido por sus propios errores, amargado ante un animoso contrincante que hizo de la seriedad y la cordura sus mejores armas. Tanto deseó el Llanera la victoria, tanto luchó por ella, que apagó las luces del trasatlántico alavés. El líder enmudeció en un pabellón que celebró la gesta como si de un título se tratara. Cuando la expedición vitoriana abandonaba cariacontecida el recinto, aún quedaban decenas de aficionados dentro, celebrando extasiados el triunfo de sus vidas.

Su afición es el mejor activo de este batallador neófito en la élite nacional. El sueño de la galaxia ACB ha calado tan hondo en esta isla tan privilegiada que su hinchada se ha propuesto pasearse en cada comparecencia de los suyos. O sea, hace suyo el tópico del sexto jugador. El graderío, con sobrepeso a causa de la saturación de seguidores, convirtió el pabellón Menorca en un auténtico caldalso. Para el TAU se sobreentiende.

Los árbitros ayudaron a avivar el fuego ambiental. Puntillosos hasta el extremo, se apropiaron de un excesivo protagonismo desde el principio. Ese quisquilloso criterio -que, por ejemplo, colocó la tercera falta al local Miguel sin haber roto un plato- encendió al respetable y a un Llanera Menorca dispuesto a la batalla.

Escapada balear

El Baskonia pasó a recoger el guante de tan arrogante adversario. Así, el ritmo se intensificó. Ambos contendientes intercambiaron puñaladas a diestro y siniestro. Sólo que pronto se percibió que era el debutante quien se movía con la carencia óptima.

Solidísimo atrás, montó una tela de araña alrededor de su zona que espantó a la escuadra azulgrana. Ante esta trampa, el TAU, un equipo que puede presumir de contar con una batería interior de los más lúcida en el Viejo Continente, fió todas su opciones ofensivas al triple. Y es que, producto de la pereza menorquina, el balón únicamente circulaba por el exterior. Cuando apretaba el segundero o incluso antes, las posiciones vitorianas siempre culminaban con un lanzamiento lejano. Y la mayoría de la veces, mal elegido. Un botón. Al descanso, los de Perasovic habían tirado más de tres que de dos. Significaba el mundo al revés. Y un presagio malísimo.

Mucho más cuerdo, el Menorca ejerció de hormiguita. Concienzado, laborioso y, con el paso de los minutos, respondón. Primero fue Yáñez quien lideró el primer conato de insurrección balear (27-20, minuto 12). A continuación, el hipertatuado Eley -¿cómo ha cambiado respecto a su año en Granada!- tomó el relevo. El pívot que se hizo un hombre en las calles más peligrosas de Detroit impulsó su ley frente a todos los pares que le salieron al paso. Dio igual quién tuviera delante porque le puso bajo arresto.

Los azulones, crecidos, dibujaban una línea constante. Enfrente, únicamente se sucedían los latigazos cada vez más desesperados de un conjunto incrédulo ante el espectáculo. Pero también incapaz de reparar las grietas en su armazón.

En éstas una penetración de Krstic, un 'bulldozer' de bolsillo que desconectó tanto a Prigioni como a Ukic, colocó un sonrojante 61-43 en el luminoso del pabellón construido en cien días. Estruendosa algarabía en las gradas; ceños fruncidos por los baskonistas. Y la descorazonadora sensación de que no había forma de arreglar el destrozo. ¿A pesar de que restaba nada menos que doce minutos por disputarse!

El TAU, a partir de entonces, experimentó una auténtica penitencia. Descabezado, se movía sin orden ni concierto. Seguía empecinado en lanzar triples sin ton ni son, conseguía rebotes, observaba boquiabierto como le anotaban en su cara Vamos, un desastre.

Sentencia y espejismo

Al menos, el vértigo de un Llanera al que todavía le quedan varias batallas para poseer oficio permitió al TAU maquillar la aciaga tarde. Como los locales encadenaron varios errores seguidos y el tandem Ukic-Scola produjo suficientes canastas, por un momento dio la impresión de que el desaguisado tenía arreglo (76-72, minuto 38). Por desgracia, resultó un espejismo. La defensa local, sin embargo, recobró la consistencia exhibida durante los tres cuartos anteriores. Krstic y Reynés acertaron en su tiros y el pitido final regaló una imprevista jornada de fiesta para la pequeña Mahón.



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