Con altibajos, pero el Lagun Aro avanza. En el plano colectivo y en el individual. La puesta en marcha de la maquinaria estadounidense sirve para que los rojillos cierren filas, amplíen sus referentes y crezcan a la sombra de la experiencia. Scott y Panko han emergido para apuntalar una plantilla que necesita en muchos casos la figura de un hermano mayor siempre operativo. Quizá la única nota un tanto discordante en las jornadas precedentes haya sido el estancamiento en la evolución en el juego de Marko Banic.
El croata fue el último en llegar tras ser cortado por su selección para el Campeonato de Europa. Tardó en aclimatarse y asimilar la lluvia de conceptos tácticos con los que se topó. Paralelamente, inició un trabajo físico dirigido a esculpir su figura para así rebajar el sobrepeso que ralentizaba sus movimientos y, con ello, le infundía dudas. Con cinco kilos menos reflejados en la báscula, el pívot ofreció lo mejor de sí mismo de cuanto se le ha visto como rojillo. Pero el exceso de confianza y la falta de una cultura alimenticia previa le han dirigido por la senda errónea. Con sus alforjas otra vez pasadas de equipaje, se ha quedado estancado en un apeadero del que quiere salir cuanto antes.
Así lo reconoce su entrenador, Txus Vidorreta. «Marko depende mucho de su físico y en diciembre se ha descuidado un poco. Estamos trabajando con él para que vuelva a los niveles físicos y de peso en que tiene que estar. En cuanto se despista tiende a coger kilos y le cuesta más estar fino. Esto es lo que tienen los jugadores jóvenes, que tienes que educarles. Probablemente su cuerpo, su metabolismo, está cambiando y le estamos educando para que adquiera buenos hábitos que le impidan superar su peso ideal. El baloncesto profesional, como cualquier otro deporte, tiene muchas complejidades, y ésta es una de ellas».