Durante meses, el diputado Tom DeLay ha mantenido en transición a los republicanos del Congreso con su «me voy, pero volveré». Ayer, el que hasta septiembre fuera el líder de la mayoría en la Cámara Baja anunció al fin su retirada definitiva, que abre paso a la búsqueda de un nuevo líder.
DeLay tuvo que abandonar el cargo para enfrentarse en su Texas natal a las acusaciones de fraude, blanqueo de dinero y violación de las leyes electorales. El congresista siempre ha mantenido su inocencia, prevé presentarse a la reelección en noviembre próximo y, hasta ayer, juraba que retomaría su cargo como líder del partido en la Cámara de Representantes en cuanto la Justicia le exonerara.
En el comunicado de ayer, en el que renuncia definitivamente a esta posición, DeLay insiste una vez más en su inocencia y dice haber tomado esta decisión por el bien del partido. «No puedo permitir que nuestros adversarios nos dividan», declaró.
Su situación se había visto agravada en la última semana por su larga relación con el 'lobbista' Jack Abramoff, que el jueves se declaró culpable de fraude ante un tribunal federal, cuyo caso de corrupción podría implicar a una veintena de miembros del Gobierno. Eso explica que la Casa Blanca, que hasta ahora había apoyado sin reservas al que es un buen amigo de Bush, emitiese ayer un escueto comunicado alabando su decisión de «poner por delante los intereses del pueblo americano, del Congreso, y del Partido Republicano».
Las cámaras no se reúnen hasta el día 30, semana en la que se espera la elección del nuevo líder republicano. Con ello, y el discurso sobre el estado de la nación que dará el presidente George W. Bush al cumplirse un año de su segundo mandato, el partido espera un nuevo comienzo para este año electoral en el que tendrá que renovar la Cámara Baja y tres cuartas partes del Senado.