Ramón Jáuregui cree que hay que estar «ciego» para no reconocer que algo se mueve en Euskadi. No sólo por el largo período sin asesinatos de ETA sino también por la actitud del PNV, que, en su opinión, está girando hacia posiciones radicalmente distintas a las de Lizarra y el plan Ibarretxe. Optimista pero cauteloso, el portavoz socialista en la comisión constitucional del Congreso cree que los postulados de Josu Jon Imaz deben ser «animados» y no «entorpecidos». Eso sí, advierte de que el PSOE no tolerará que el nacionalismo intente sacar «ventaja» del final de la violencia.
-Se habla a diario del proceso de paz pero no acaba de concretarse.
-Han cesado los asesinatos y ésa es la condición 'sine qua non' para que haya proceso. Aspiramos todos a que no los haya nunca más y existen algunos indicios de que puede ser así. Si hay un asesinato todo acabó. Y el final de ETA no sería ya dialogado, sino 'grapizado'.
-¿Qué indicios son esos?
-En mayo se cumplirán tres años sin asesinatos, no ha habido nunca una situación igual en cuarenta años de terrorismo. Además, el 11-S cambió radicalmente la geoestrategia internacional frente al terrorismo y el 11-M dejó tan descolocada a ETA que en gran parte alteró sus razonamientos. El IRA ha abandonado la violencia. Y cada vez que ETA ha lanzado una ofensiva ha acabado con la banda destartalada y con casi mil presos en la cárcel. A eso añadiría el efecto muy positivo del entramado político-judicial que ha perseguido a la banda en los últimos tres años.
-¿Será 2006 el año de la paz?
-El final de ETA no será inmediato, sino gradual y más bien largo. Tampoco un final feliz como en las películas, será doloroso porque entraña decisiones duras. Personalmente no espero treguas porque los adjetivos que las acompañan ya están acabados: la indefinida en Lizarra, la temporal en Argel, la territorial en Cataluña, la sectorial en el caso de los concejales Por eso soy tajante: no basta una tregua. La condición que la democracia ha establecido es el cese definitivo de la violencia. Y no vamos a hacer nada más. Punto.
-Ya, pero da la sensación de que tanto el Gobierno como ETA se exigen mutuamente una serie de pasos. ¿Hasta dónde estaría dispuesto a llegar Rodríguez Zapatero?
-Hasta que no haya un cese de la violencia no vamos a hacer movimientos. No vamos a cambiar las leyes ni se va a alterar la estrategia antiterrorista, quiero dejarlo claro. En eso vamos a ser inflexibles.
-Mientras, Erkoreka y otros dirigentes peneuvistas piden gestos en materia legal y penitenciaria al Gobierno.
-Son declaraciones coyunturales, en vísperas de la manifestación de Batasuna. Se entienden en la rivalidad del mundo nacionalista por protagonizar esta fase. Pero el Gobierno se mantiene firme y ya digo que no va a haber cambios.
-¿Tampoco se podrían flexibilizar ciertas sentencias judiciales como sugieren su compañero Odón Elorza o el obispo Uriarte?
-No, no. Hay que respetar el funcionamiento del Poder Judicial y su independencia. Si la instrucción de un proceso es defectuosa y las pruebas de cargo no son tales habrá absolución. Pero el clima político no puede influir sobre los jueces.
-Y una vez constatado el cese de la violencia, ¿el Gobierno se limitaría por ejemplo a tomar medidas respecto a los presos o estaría por la labor de hacer una declaración formal de voluntades?
-En el diálogo posterior al fin de la violencia hay un capítulo humano, que corresponde al Gobierno y que es el que hemos ofrecido. Respecto al diálogo político conviene hacer algunas precisiones. Quienes quieren construir paralelamente al fin de la violencia una mesa de diálogo con la intención de modificar el 'statu quo' político vasco están pretendiendo algo antidemocrático, que haya una concesión política como condición al cese de la violencia. Yo, personalmente, no lo voy a aceptar nunca y creo que el PSOE tampoco. Estoy con Joseba Arregi cuando dice que no puede haber premio para una organización que ha matado a casi mil personas. Y eso vale para el conjunto del nacionalismo, incluido el democrático, que pretende que haya un plus nacionalista de salida al fin de la violencia.
«Ley de claridad vasca»
_¿Sería cuestión de establecer previamente las reglas del juego?
-Es lo que yo llamo 'ley de claridad vasca', unas reglas que todos aceptemos para dilucidar nuestros proyectos políticos en igualdad de condiciones. En mi opinión, debería ser una doble regla: el respeto al marco autonómico que hemos construido durante veinticinco años como base legítima y la aceptación de que todos los proyectos políticos democráticos son posibles.
-Entiendo que le suena bien el acuerdo «integrador» de Josu Jon Imaz.
-Del documento de octubre del PNV me gustan muchas cosas, aunque no todas. Me parece meritorio reclamar un acuerdo con respaldo mayoritario pero ese acuerdo no será libre si es en parte condición para el fin de la violencia. Secretamente Imaz pretende un acuerdo superador del Estatuto en la vía soberanista y yo discrepo seriamente de que ésa sea la mesa en la que haya que concretar el status jurídico-político vasco. Eso no se logra en una mesa ni en un día, salvo que quiera ser la condición que nos imponen los nacionalistas para el fin de la violencia. Y por ahí no pasamos.
-¿Así que Zapatero tampoco se comprometería sin más a aceptar lo que, dicho en lenguaje nacionalista, decidan libremente los vascos?
-Vamos a ver, todo el mundo está aceptando que el Congreso está corrigiendo el acuerdo del Parlamento de Cataluña. Lo que no se puede admitir, y ésa es otra gran discrepancia con el documento del PNV, es que el Congreso tenga que decir amén a todo. Pero sí reconozco que ese texto es una ruptura radical con Lizarra y con el plan Ibarretxe, incorpora una filosofía democrática frente a la violencia muy semejante a la de Ajuria Enea, su apelación al pluralismo recuerda a los mejores tiempos de Ardanza y rompe con la pretensión de la suma nacionalista. No entiendo que no se quiera apreciar ese cambio.
-Pero tanto Ibarretxe como Egibar hablan de la necesidad de reactivar el plan Ibarretxe. ¿No choca eso con su análisis?
-Es verdad que hay una gran rivalidad ideológica no resuelta en el seno del nacionalismo, aunque sí ha empezado a resolverse con la victoria de Imaz sobre Egibar. El PNV es como un gran buque que no puede hacer una maniobra brusca en una dársena pequeña. Pero las cosas están empezando a cambiar aunque algunos se empeñen en no verlo. Sólo hay que ver la actitud personal de Imaz con Zapatero, su lealtad en el proceso de fin de la violencia, su incorporación a la mayoría socialista en el Presupuesto del Estado Veo todo esto y la lógica política me lleva a animar ese giro, que quizá es suave, pero existe. Ese giro hay que animarlo, no entorpecerlo. Eso es lo inteligente.
-¿Y no puede ser que los nacionalistas vascos estén agazapados a la espera de ver cómo se resuelve el Estatuto catalán para asumir después el protagonismo?
-Sólo como una referencia. El caso catalán es muy distinto, porque su problema financiero no lo tenemos en Euskadi. No están mirando la reforma estatutaria catalana como un modelo sino para calibrar las posiciones. Y en ese terreno es bueno que el PSOE demuestre que somos un partido muy serio y que vamos a encauzar la reforma catalana al máximo de autogobierno que cabe en la Constitución, pero no fuera de ella. Es bueno que lo vean y que lo sepan.
-Por cierto, ¿habrá Estatut?
-Pienso que sí, porque hay una voluntad política muy fuerte en todos los protagonistas para que lo haya. Será un buen Estatuto, de máximo autogobierno y singularidad, de una mejora importante de la financiación pero constitucional.
-Zapatero está manteniéndose discretamente alejado de la negociación. ¿Tienen miedo al desgaste?
-Hay que reconocer que está siendo una negociación difícil. En política hay situaciones de gran riesgo pero de gran oportunidad. También vamos a aprobar el Estatuto valenciano en febrero, probablemente antes de finalizar abril acabemos el catalán y abordaremos el canario, el andaluz, el de Aragón y el balear en los próximos dos años. El coste es coyuntural, lo que importa es el resultado. Si sale bien Zapatero y el PSOE van a consolidar su papel histórico en la política española.
-Pero el PP recorta distancias en las encuestas con rapidez.
-Su labor de desgaste le está dando réditos a corto plazo pero puede quedarse profundamente descolocado. Están quemando sus naves. Saben que sólo podrán ganar sobre la base de un Zapatero fracasado y han apostado todas sus bazas a este objetivo. Pero, ¿y si lo hacemos bien? ¿Y si el proceso de paz avanza? ¿Y si hay un acuerdo estatutario correcto? ¿Dónde se queda el PP? Es difícil e históricamente muy peligroso aparecer como un partido que obstaculiza el fin de la violencia.
-¿Confía en que acaben por incorporarse al diálogo en materia de pacificación en Euskadi?
-Si todo avanza cambiarán. Otro de los errores tácticos del PP en relación con el terrorismo es creer que esto va a ser cosa de un Gobierno.
El pacto presupuestario
-Por el momento el abismo entre ustedes y ellos es más ancho que nunca. El acuerdo presupuestario PNV-PSE lo ha ahondado más aún.
-Y ahí existe otra contradicción: si el acuerdo hubiera sido con EHAK habrían puesto el grito en el cielo. Si hemos evitado eso algo de positivo tendrá, de entrada. El pacto venía obligado, o como consecuencia del acuerdo presupuestario en Madrid, pero se asienta en un cambio de la macropolítica vasca, en la derrota formal y solemne del plan Ibarretxe aunque haya reivindicaciones testimoniales de ese proyecto
-Perdone, pero la reivindicación del plan por el propio lehendakari en su mensaje de fin de año, ¿puede calificarse de testimonial?
-Cuanto más se aferre Ibarretxe a su plan más crecerá la sensación de que es un lehendakari amortizado.
-¿Usted cree que lo está?
-Si se aferra a ese plan, sí. Porque la política vasca no va a circular por ahí. Él verá, y se lo digo con afecto personal. Pero se acrecienta la sensación de que el de Ibarretxe es un Gobierno absolutamente dependiente de todo: de la tensión interna en el PNV, de las tensiones del tripartito, de su propia minoría y cuya función última está pendiente de si hay o no un proceso de fin de la violencia.
-El cambio sustancial del que habla, ¿no podría propiciar a medio plazo cambios de alianzas?
-Hay que dejar claro que en el acuerdo presupuestario no hay ninguna pretensión premonitoria de futuros pactos. Me consta que la voluntad de alternancia al PNV es más fuerte que nunca en el PSE. Que nadie se confunda. Nadie piensa en repetir la apuesta de los 80 y los 90, esos tiempos pasaron. Lo que pasa es que para eso hay que forjar una alternativa que pueda serlo y hay que reconocer que aún no la tenemos.
-Cuando habla de esa nueva mayoría, ¿está pensando en un pacto a la catalana ya en tiempos de paz, con Batasuna incluida?
-Es muy pronto para decirlo, hay demasiadas incógnitas.