La retirada del programa de Pepe Navarro en TVE 1 era inevitable desde sus primeros compases. A pesar del espejismo de su estreno, bastaba ver 'Ruffus & Navarro' para percibir un claro aroma a derribo. Ese aroma procedía de dos grietas. Una, el aire de expectación creado por el propio Navarro, que se había presentado como el salvador de la noche de TVE; crear unas expectativas así de altas era aumentar las posibilidades de frustración. La otra grieta era el corte del programa: Navarro, que fue quien abrió la línea del 'late night' faltón en España, no podía volver tantos años después como si no hubiera pasado el tiempo; era como resucitar el 'western' a base de 'Bonanza'.
En estos dieciocho programas, Navarro sólo ha demostrado que la televisión ha cambiado mucho, tanto en vicios como en virtudes, y que él ha quedado al margen de esos cambios. Al final, el veredicto más ajustado es el de la imitación de Cruz y Raya: un gran showman perdido en el laberinto de su propio show. Con todo, la defenestración de Pepe Navarro posee un valor suplementario porque su caída se añade a la de otros grandes nombres que TVE intentó recuperar y que han corrido la misma suerte. La era Caffarel ha arruinado el futuro televisivo de Julia Otero. Ha hecho fosfatina el prestigio de Wyoming. Del mismo modo, ha roto la larga trayectoria de éxitos de Rosa María Sardá, cuyo papel en la 'Abuela' de Rosa Regás le granjeó la indiferencia del público.
Ahora, para sustituir a Navarro, se nos anuncia un programa dedicado a la revista musical, con lentejuelas y esas cosas. Parece que este 'Regreso al pasado' es lo único que TVE tiene en mente. Lo mismo ocurre con esa extravagancia de echar a Garci y poner en su lugar a Jesús Quintero, otra vieja gloria. Respecto al programa de Quintero, puede apostarse a que obtendrá unas cuotas de pantalla levemente superiores a las de Garci, pero muy lejanas del mínimo apto para la competencia, y con el agravante de que el espacio no podrá ser considerado como 'servicio público'.