Cuando un equipo apunta como única incomodidad ser el autor de la primera canasta del partido demuestra que ha sido barrido de la pista. Es lo que hizo ayer el Lagun Aro con un Ricoh Manresa descompuesto antes de tiempo. Le fulminó merced al mejor juego de ataque rojillo visto durante la temporada, fluido, con muchas alternativas interiores que favorecieron que Fred Weis, Richard Scott y Marko Banic crecieran en estadísticas, méritos y autoestima. Lo del francés no tiene nombre. Es, simplemente, una bendición. Es el sheriff del condado en la pintura y ha alcanzado ese estado de felicidad en la que denota que disfruta con lo que hace como si jugara sus primeros minutos como profesional.
Tiene en su altura, Weis, una mina inagotable. Pero su gran momento físico le eleva aún más allá de sus 218 centímetros. Rebotea -líder de la ACB-, tapona -White se quedó como la traducción de su apellido en el tercer cuarto con un gorro brutal-, intimida, desvía tiros y anota. Sus diez puntos en el tercer acto supusieron el despegue definitivo de los de La Casilla. Fue un ejecutor, pero no el único. De hecho, si el Lagun Aro sacó un par de conclusiones ayer fueron que puede acertar con la mezcla exacta entre trabajo de equipo y destellos individuales y que su apagado poderío ofensivo puede ser activado si juega con inteligencia y decisión.
Panko y Scott fueron , por ejemplo, los primeros que se colocaron el traje de faena. Cuando sus compañeros ven que los norteamericanos están implicados, entendido como mentalizados y concentrados como cabe esperar en dos referentes, el suspiro general llega seguido de un notable aumento de la competitividad. Nadie es capaz entonces de relajarse y cada uno se esmera en completar el renglón asignado. Así, la caligrafía es constante, regular hasta la brillantez, incluso estéticamente agradecible.
Sólo en el segundo cuarto hubo amagos inquietantes, cuando los catalanes amagaban con complicar las cosas con los triples de Rafa Martínez y los lanzamientos de tiros libres. Además, se había comprobado ya que Rodney White es un ex NBA que va a darle mucho al Ricoh Manresa. Recién llegado, su calidad individual ya había servido para convertirle en el mejor estilete de los suyos. Pero ha llegado con el chip de la competición norteamericana y cobró dos personales repentinas e inocentes. Minutos después le cayó la tercera y con ella los barceloneses se colgaron el 'RIP' sobre sus cabezas como inminentes difuntos.
Cuestión de espacios
Limitado para defender por las faltas, la orden de Vidorreta fue explícita, buscar al jugador de Filadelfia. Fue así como Weis y Banic mejoraron notablemente sus números, con movimientos rápidos, buenas asistencias recibidas y decisión desbordante ante la que White flaqueaba y sus sustitutos no atinaban a ofrecer resistencia. También favoreció la situación que Koljevic acumulara minutos con cada vez mayor madurez, pese a ser incapaz de desprenderse de sus tics personales. Así, a una extraordinaria defensa le seguía la búsqueda de un triple, la consecución de la faena redonda. Mejora cada jornada, pero si pudiera refrenar aún más el lado más gratuito de su individualismo, sería demoledor. Cuando se vio con espacios penetró y si huele a pintura no tiene problemas para buscar bandejas, frenarse y tirar o ser parado en seco con la consiguiente personal.
Es en espacios un factor en el que ha dado el Lagun Aro un paso de gigante. La posición de Scott respecto al aro ha variado y con ello el de Little Rock puede sacar partido a la mayor movilidad ante marcadores que le superan en centímetros y kilos. Este equipo crece y da la razón a quienes confiaron en el pedigrí de su plantilla cuando ésta fue presentada en público en el mes de agosto. Su juventud es el gran freno que tiene para asirse a la regularidad, a carecer de dientes de sierra en sus partidos -ayer no sucedieron-.
Cuando todos los astros se alinean, partiendo de la base de hacer bien las cosas encomendadas, el rojillo es un conjunto gozoso para la vista. Sus penurias en ataque acabaron olvidadas al superar por primera vez los noventa puntos durante el curso y su profesionalidad resulta gratificante. Como cuando Cabeza, que jugó los últimos cien segundos, tras fallar una canasta se recorrió toda la cancha para ser quien frenara el contragolpe manresano en una entrada en bandeja. Así trabaja un equipo con mayúsculas.