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Lunes, 9 de enero de 2006
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VIZCAYA
ALBERTO SANTANA, HISTORIADOR
«Los poderes económicos de Vizcaya veían una cursilería la obra del Puente Colgante»
ADMIRADOR del patrimonio industrial. / E.C.
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Siempre había admirado la majestuosidad del Puente Colgante y la coordinación de su centenario en 1993 le dio la oportunidad de conocerlo a fondo. En archivos que no se habían abierto desde la Guerra Civil, este arqueólogo del pasado descubrió documentos de incalculable valor que desvelan que los dos padres de la estructura, Alberto de Palacio y Ferdinand Arnodin, llegaron a actuar como auténticos espías para dar forma a una revolucionaria idea que marcó un hito en la historia de la arquitectura.

-Este monumento no deja de sorprender...

-Su pasado es casi tan apasionante como el aprovechamiento que se hace del monumento, candidato a Patrimonio de la Humanidad.

-¿Qué le hace tan especial?

-Impone hasta la gestión de su diseño. Alberto de Palacio tuvo la gran idea de construir un puente colgante y transbordador en la ría, pero le faltaban conocimientos técnicos y contactó en secreto con Arnodin.

-¿Por qué tanto sigilo?

-No querían injerencias. Lo presentaron por separado el 5 de noviembre de 1887, uno en Bilbao y el otro en París.

-Pero no se inauguró hasta 1893...

-Hubo problemas de financiación porque los poderes económicos de Vizcaya no querían invertir. Les parecía una cursilería semejante obra para cruzar 100 metros de ría.

-¿Quién tuvo la agudeza de ayudarles?

-Santos López de Letona, un empresario textil que había hecho las américas.

-Dinero aparte, las obras fueron 'eternas'...

-Sí, entre otras cosas porque Palacio era un soñador, un visionario, que introducía constantes innovaciones al proyecto.

-¿Fue suya la idea de la pasarela peatonal?

-Portugalete y Las Arenas eran balnearios turísticos y querían crear un atractivo deslumbrante. Por eso Palacio ya planeó poner solarium e incluso restaurante en el tablero, diseñado ya como peatonal.

-¿Por qué no se hizo así?

-Se retrasaron tanto las obras que hubo que inaugurar sin mejoras. Aunque hasta la Guerra Civil subió gente de forma esporádica.

-Palacio y Arnodin acabaron mal entre ellos...

-Sin hablarse. A Palacio le quitaron los derechos de la patente y su enfado fue tan grande que no volvió a trabajar en Vizcaya. Ferdinand, sin embargo, siguió construyendo puentes colgantes por todo el mundo.



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