El Correo Digital
Martes, 10 de enero de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Accidente
En Bilbao, como en todas partes, los escolares vuelven a las aulas después de las vacaciones navideñas. Oihane y Aitor (cuatro y siete años) no volverán a su escuela de Basurto. Murieron atropellados en un paso peligroso de su barrio para el que los vecinos llevaban mucho tiempo pidiendo una solución. Murieron poco antes del día de Reyes. Desde entonces, no dejan de llegar cartas a este periódico donde la gente expresa su indignación y su pena. Sobre el dolor no hay nada que explicar. ¿Quién, al llevar a sus hijos a la Cabalgata o al verles desenvolver los regalos la mañana del día 6, no se ha acordado de Oihane y Aitor? En cuanto a la indignación, el día 5, poco después de la Cabalgata de Reyes, hubo en Bilbao una manifestación que fue un acto de solidaridad y de luto, pero también de protesta. Allí sonó mucho la palabra 'incompetencia'. Hace cinco años, cinco, el Consejo de Distrito de Basurto aprobó que se pusiera un semáforo en el sitio donde han muerto Aitor y Ohiane, pero el Ayuntamiento le pasó la patata caliente a la Diputación, quizás para poder entregarse sin estorbos a proyectos de envergadura, cosas con glamour (una carrera de coches en pleno centro urbano, por ejemplo). Entonces era presidente del consejo de distrito el concejal Eusebio Melero, hoy diputado de Obras Públicas. Durante todo este tiempo, la Diputación también ha considerado que ese ridículo problemilla no merecía su atención, ocupada en la red de carreteras de Bizkaia con la excepción de cierto trozo de la N-634 a su paso por la Avenida de Montevideo, donde, por cierto, hace cosa de tres años ya había muerto una trabajadora del Hospital de Basurto. Ocupada la Diputación en intereses muy, muy generales y el Ayuntamiento en sus labores, hemos llegado a esta tragedia que ha despertado a la villa de su feliz estupor navideño para dejarla estupefacta con las declaraciones de la concejala de Circulación, Ibone Bengoetxea, quien aseguró que conocía 'formalmente' las quejas desde hacía apenas 15 días. El Ayuntamiento se nos presenta, pues, como una máquina ineficaz y poco democrática, donde la comunicación funciona sólo de arriba a abajo y donde las prioridades del gobierno no coinciden con las de las los ciudadanos. Su coordinación con otras instituciones no parece buena y su empeño, como administración más próxima, en representar y defender los intereses de los bilbaínos, más bien nulo. Lo que sí les parece a los vecinos de Basurto (¿o deberíamos decir de Bilbao?) es que los actuales equipos de gobierno son expertos en lavarse las manos. Unos verdaderos genios. Aquí nadie es responsable de nada, y la máquina sigue funcionando, cada vez más opaca, cada vez más sorda.



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