El pintor guipuzcoano Judas Arrieta prepara estos días su primera exposición en China, donde mostrará nuevas obras en las que su original lenguaje, influido por la iconografía pop asiática y el manga, se imbuye además del carácter chino. «Veo mis cuadros como ciudades en las que luchan formas, líneas y colores. En las telas que estoy pintando en Pekín, he incluido elementos que me han llamado la atención de la historia y la cultura este país», manifestó ayer en su taller.
Considerado por la crítica como uno de los pintores jóvenes más prometedores, Arrieta (Hondarribia, 1970) llegó a Pekín el pasado octubre para participar en un programa que ofrece a artistas extranjeros una casa-taller donde trabajar y vivir durante unos meses, además de la oportunidad de exhibir en la capital del país asiático.
Durante este tiempo, ha recorrido mercadillos y librerías en busca de inspiración para las obras que formarán parte de la muestra, que se inaugurará el próximo 19 de enero en una ceremonia donde no faltarán los típicos pinchos vascos, preparados por el propio artista.
Entre los resultados de esta búsqueda, los espectadores chinos, cada vez más ávidos de arte, podrán contemplar una recreación de uno de los más célebres episodios de su historia, 'La masacre de Nankín', o una obra sobre la política que sólo permite tener un hijo.
«Me crié en la generación de los dibujos animados, de Mazinger Z. Llevo muchos años interesado por culturas orientales como la japonesa, china y coreana. Sus artistas me han asombrado e inspirado mi carrera artística desde el principio, de la misma manera que mi formación académica», resaltó.
Retoques
No en vano, Arrieta, que expone actualmente en la Casa Asia de Barcelona, ha sido definido por el comisario de esta muestra, Álvaro Machimbarrena, como un «alma asiática atrapada en un cuerpo occidental». La exposición pequinesa acogerá creaciones en diferentes soportes: acrílicos de gran formato, una serie de retratos digitales sobre mujeres orientales y proyección de vídeos.
«Intento siempre divertir, mi arte es desenfadado», subrayó el pintor, que en sus 12 años de singladura artística, ha pasado por Japón, Francia y Alemania, combinando fases dedicadas de lleno a la pintura con otras en las que ha realizado los trabajos más variopintos, incluido el retoque de fotografías en una funeraria.